Este es un espacio de intercambio y reflexión, para demostrar la valía de un pueblo que se enfrenta al Imperio más poderoso del planeta con la seguridad absoluta en la Victoria porque le asiste la razón. Esas son las Razones de Cuba
Guayacánes el nombre común con el que se conoce a varias especies de árboles nativos de América, pertenecientes a los géneros Tabebuia, Caesalpinia, Guaiacum y Porlieria. Todas las especies de guayacán se caracterizan por poseer una madera muy dura. Es justamente por esa característica que reciben el nombre de guayacán, aun cuando no guarden relación de parentesco entre sí.
sábado, 7 de noviembre de 2015
Del surco al mercado, soluciones integrales
El
reciente Pleno Nacional de la Asociación Nacional de Agricultores
Pequeños (ANAP) puso sobre el tapiz cuestiones neurálgicas a resolver a
corto plazo
En la comercialización de los productos agropecuarios se impone acudir a las fórmulas que combinen las mejores experiencias. Foto:Jose M. Correa
Si la economía cubana necesita de un salto plausible,
buena dosis de responsabilidad para superar esa varilla, pesa sobre
los pies de la agricultura. Es este sector, no solo premisa para
cambiar el paisaje económico del país, sino colofón para alcanzar el
crecimiento pautado.
En este sentido, el reciente Pleno Nacional de la Asociación Nacional
de Agricultores Pequeños (ANAP) puso sobre el tapiz cuestiones
neurálgicas a resolver a corto plazo y, en particular, la intervención
del Segundo Secretario del Comité Central del Partido, José Ramón
Machado Ventura, dejó lecturas frescas y líneas claras de trabajo en
pos del compromiso individual, y la respuesta colectiva de los hombres y
mujeres del campo.
Uno de esos nítidos mensajes fue lo apremiante de sembrar más y
diversificar las producciones. A mayor cantidad de áreas cultivadas,
mayores probabilidades de obtener más productos. Por otro lado, el
monocultivo solo conduce a la dependencia y al estancamiento, dos
enemigos mortales del desarrollo.
Y muy unido a ello, está el hecho —más bien la urgencia— de
acrecentar los volúmenes de contratación, pero se trata de contratar lo
máximo posible, no lo máximo inalcanzable poniendo en un papel planes
divorciados y ajenos a la realidad. Urge, además, sacudir los contratos
del lastre de la formalidad excesiva y, en cambio, aprender a emplearlos
como auténticos mecanismos de gestión económica, con las cláusulas
pertinentes, responsabilidades y sanciones. Pero, sobre todo, que llame a
cada cual por su nombre a la hora de las reclamaciones ante el más
mínimo incumplimiento. Un instrumento útil y sin mucha complicación ni
adjetivaciones.
Por ese mismo camino, enciende “luz roja” otro tema no menos
preocupante: el de los precios astronómicos de varios productos en la
red de mercados.
Solo con este análisis habría “plato fuerte” para unas cuantas
planas, pero un simple paréntesis ayuda a deslindar algunas de las
causas principales.
Por una parte, es cierto que el costo de determinados insumos
resulta elevado y esa sumatoria influye en los precios finales de la
comercialización minorista de productos agropecuarios, ofertados a la
población, pero también es verdad de Perogrullo que hay casos en los
que algunos prefieren que se echen a perder producciones en lugar de
disminuir sus precios.
Y ojo: esa es una tendencia que suele globalizarse en las sociedades
de consumo y una típica amenaza del mercantilismo capitalista.
Cuidémonos de importar arquetipos de esa calaña, que no tienen cabida
en un sistema como el nuestro, ni en un país al que la adquisición de
alimentos en el mercado internacional le cuesta de su cartera —cada año—
nada menos que 2 000 millones de dólares como promedio.
También está claro —en el tema de los insumos— que no sería factible
retornar a la época de los subsidios. De ahí que son poco fértiles
justificaciones del tipo “si me venden los recursos más barato, bajo los
precios”, por lo que debemos escapar de ese slogan simplista y hacer un
análisis integral, o mejor, buscar soluciones concretas. Aunque no sea
fácil.
El 70 % de la producción de viandas y vegetales del país está en manos de los campesinos. Foto: Pastor Batista
Meridiana ha sido, asimismo, la advertencia de Machado Ventura, en
diferentes escenarios, a que no podemos regresar a la burguesía agraria,
donde las abultadas ganancias de unos pocos les lleven al acomodamiento
extremo y se aparten del camino, algo incompatible con la tradición de
la abrumadora mayoría de nuestros campesinos, siempre muy vinculados a
la gesta y la impronta revolucionarias.
Los márgenes comerciales, decía el Segundo Secretario del Comité
Central del Partido en este II Pleno, a su paso por la cadena de
intermediarios ilegales alteran los costos de las mercancías, con
gravámenes que se alimentan, de mano en mano.
En esta dirección, vale recordar que desde hace algún tiempo en la
capital se intentó revertir el problema con una variante de
comercialización que permitía a los productores vender sus mercancías
directamente en un mercado mayorista, y así se eliminaban
irregularidades como la del surgido espontáneamente en la calle 114, en
Marianao. Y es verídico que esa alternativa no era la más idónea, pero
la variante encontrada —aun con sus buenas intenciones y perspectivas—
tampoco ha resuelto el problema.
Quizá porque se llevó a terreno en una urbe compleja como La Habana,
con casi tres millones de personas que en ella comen cada día, entre
residentes y población flotante. La cuestión no es arremeter contra las
vías buscadas, es sopesar los “pro y los contra”, y aprovechar las
opciones que indiquen un balance positivo.
Como ha dicho el General de Ejército en una reunión del Consejo de
Ministros en mayo de este año, no son robots los que participan de la
elaboración y aprobación de propuestas, y justo porque “no siempre se
tiene la experiencia en estas tareas, (…) lo que hagamos debe estar
sometido constantemente a la crítica constructiva”. E instó al análisis
oportuno y a “rectificar errores antes de generalizar los
experimentos”.
Una cuestión muy ligada a las dificultades en la comercialización en
La Habana radica en la diversidad de nomenclaturas y gestión de los
mercados aquí. Por ejemplo: existen 469 unidades donde venden
directamente los mismos productores, 77 gestionadas por cooperativas no
agropecuarias, 52 estatales administradas por el Poder Popular, 30 de
oferta y demanda (adscritos a la Empresa de Mercados), 535 puntos de
venta y 1 178 carretilleros.
Volviendo al asunto precios, sería muy superficial decir que las
tarifas exorbitantes se solucionan con un par de medidas al “Tin
Marín…”. Dependen de un círculo de actores que intervienen en la
cadena de producción-distribución-comercialización, de negligencias,
de brechas legales donde falta el control y abundan los oportunistas a
la cacería de medios y chances de lucro.
Y esto nos lleva directamente a otro fenómeno: el de los
especuladores, una figura comercial no legalizada que saca provecho
—juega— con las necesidades de otros, acapara cuanto puede y
luego genera un déficit ficticio de ciertos genéricos para poder
expenderlos, a precios más atractivos, mientras al cubano común,
trabajador, no le queda de otra.
Al respecto recordaba Machado Ventura que hay que tener a la vista
siempre que el principal destinatario de las producciones agropecuarias
es el pueblo y este debe pagar —por cuenta propia— todas las
alteraciones mencionadas. El mismo pueblo que se queda desprotegido,
frustrado, del otro lado del mostrador cuando ve cómo aumentan los
precios, escasean los productos y sus bolsillos siguen discretos.
Tal vez la entidad conocida como Acopio (que en el caso de la
capital, Artemisa y Mayabeque pasó a cargo de la Empresa Agropecuaria), a
pesar de sus dificultades, como intermediario no estaba tan
“equivocado”, y lo cierto es que más allá del cambio de nombre o de
estructura, persisten viejas trabas en su gestión que frenan el impulso
al que está llamada la comercialización.
Y esto lleva de regreso a la tesis inicial: incrementar la
producción. Por tradición, en casi todas las reuniones del ramo salían a
relucir las obstrucciones en relación con los insumos. Gran parte de
las inversiones recientes del Ministerio de la Agricultura (Minag)
han enfocado su lente en este tópico.
Un simple detalle: de 11 centros para el expendio de disímiles
insumos —atendidos por el Grupo Empresarial de Logística del organismo
en cuestión (Gelma)— existentes en el 2014, la cifra ha crecido hasta
189 unidades en toda la nación. Y, según aseveraron Machado Ventura y el
titular del Minag,
Gustavo Rodríguez Rollero, cada vez se harán más ostensibles esos
volúmenes de aseguramiento a la producción. También se han incrementado
los precios de compra al productor en determinados renglones, lo que ha
devenido estímulo para muchos. Por lo que la balanza actual exige, casi
pide a gritos, una respuesta efectiva del campesinado y en un lapso
breve de tiempo.
Paisaje que pueden ayudar a despejar las actuales transformaciones
que experimenta en su piel la ANAP, con la reciente aprobación de los
Fundamentos para la constitución de sus organizaciones de base, los
Estatutos y el Reglamento General. Estos cambios son fruto de un trabajo
sistemático (previo y ulterior al XI Congreso de la asociación
campesina), y no solo la liberan de atender asuntos netamente
administrativos en las cooperativas y centrarse en su misión
político-ideológica como organización de masas, sino que coadyuvarán a
que pueda tributar desde otra perspectiva, a apoyar al campesinado ante
los desafíos que ya tocan sus puertas.
De hecho, varios de los asistentes al Pleno coincidieron en que la
anterior estructura y dualidad de funciones perjudicaban la alianza
obrero-campesina. Y se ratificó el espíritu mayoritario de los hombres y
mujeres del campo a dar un salto productivo y bajar los precios.
Las soluciones, como los problemas en sí, tienen de parte y parte.
Por lo que más que culpables, se buscan opciones viables y respuestas
puntuales.
Que se hacen esfuerzos por enderezar el tronco de estas actividades,
nadie lo duda; que es prioridad del país atender y desarrollar el sector
agropecuario, es irrefutable; que las preocupaciones de abajo se
discuten y estudian al más alto nivel, es realidad. Nadie tiene una
varita que resuelva por sortilegios y actos de magia los baches
mencionados, es un proceso gradual y escalonado. Pero vale la pena, al
menos, poner las cartas sobre la mesa de nuevo y no tener miedo si
algunas fórmulas viejas demuestran ser más factibles que otras jóvenes, o
combinar lo mejor de ambos extremos. Ello podría entrar en “resonancia”
y llegar, en menos tiempo, a lo que la gente necesita, en lugar de que
se dibuje ante sus ojos como el clásico perro que se muerde la cola.
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