Según Associated Press, Alexander Alazo Baro, el cubano que atacó la embajada cubana en Washington, abriendo fuego con un AK-47 y disparando cerca de 30 proyectiles, mientras cerca de 7 personas se encontraban en la instalación, salió de Cuba hacia México en 2003 y obtuvo el asilo político en Estados Unidos en el 2007. Según sus supuestas declaraciones a los investigadores dijo haber sido militar en Cuba antes de su salida del país.
Afirmó haber regresado a Cuba en 2014 para realizar prédicas religiosas, pero que tuvo que regresar a USA por supuestos asedios de "grupos del crimen organizado" radicados en la Isla, sin referirse a cuáles eran los mismos. No obstante, justificó su ataque a la embajada al sentirse perseguido por los mismos.
Alazo tuvo una vida aparentemente desordenada e inestable en los últimos años, lo que se puso de manifiesto en una excesiva movilidad entre estados de la Unión, cambiando frecuentemente de direcciones y evitando aparecer en redes sociales. Parece haber recibido tratamiento siquiátrico e incumplió con el tratamiento orientado, aunque se dice que padece esquizofrenia. No obstante, resulta absurdo el que haya adquirido primero una pistola Glock 19 en Texas y luego un AK-47, sin ver el potencial peligro que entrañaba su descontrol mental.
Según los hechos, Alazo gritó ser "un yanqui" antes de disparar y fracasar en quemar una bandera cubana ante la embajada. Además, según fuentes policiales se le encontró, al ser conducido, una pequeña cantidad de cocaína.
Esa es la versión inicial de los hechos y varias organizaciones de ultraderecha anticubana se han desmarcado de esta acción, así como sus principales líderes mafiosos en el congreso. Sin embargo, mi experiencia me dice que esta acción no es ni un crimen de odio aislado, ni una acción individual y espontánea de un desequilibrado. Toca pues al Servicio Secreto y a otras agencias descubrir si este despreciable acto es una operación negra de alguna agencia de inteligencia yanqui o de un remanente de los grupos terroristas radicados en Nueva Jersey, Miami o California.
El asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, durante un discurso febril, que coincidió con el aniversario 58 del desembarco en la bahía de Cochinos, prometió a los derrotados veteranos «cocineros» y «pinches de cocina» acabar con la «troika del mal».
En el hotel Biltmore, de Coral Gables, Bolton recibió tres hurras durante su discurso: la primera, al confirmar el endurecimiento de sanciones económicas contra La Habana; la segunda, al prometer la limitación de los viajes, que volverán a ser solo familiares; la tercera, al revelar que las remesas a la Isla se limitarán por persona a mil dólares por trimestre.
Se pudo apreciar en el acto, a un Bolton sonrosado y sonriente, diríamos que hasta feliz, incapaz de vencer cierta inseguridad, tratando de controlar un ligero temblor en la voz, quizá debido a su extrema emoción. Era el primus inter pares en su ambiente, desquitándose de aquella terrible vergüenza del pasado, cuando fue atrapado mintiendo descaradamente sobre supuestas armas biológicas en poder del Gobierno cubano.
Los participantes, felices también, arropados por el jefe yanqui, se ajustaban de vez en vez sus «pampers», imprescindibles desde aquellos días de Playa Girón, para poder alzar los brazos y gritar sin peligro, con un tono un poco más firme que aquella vez, cuando con un hilo de voz clamaban: ¡Nos rendimos, yo vine de cocinero!
«Déjenme ser claro: la administración de Trump nunca, nunca los abandonará», recalcó un Bolton
inspirado. «Necesitaremos su ayuda en los próximos días. Todos debemos rechazar las fuerzas del comunismo y el socialismo en este hemisferio, y en este país».
inspirado. «Necesitaremos su ayuda en los próximos días. Todos debemos rechazar las fuerzas del comunismo y el socialismo en este hemisferio, y en este país».
Dicen que se equivocaron al cantar el Himno Nacional cubano al inicio del acto, no es de extrañar con semejante asistencia, y que alguna que otra garganta se rajó y desafinó –eran muchas emociones juntas en un día memorable–.
Cómo olvidar tamaña jornada, cómo olvidar –esos «heroicos combatientes» con los que cuenta el actual Gobierno de los EE. UU. para enfrentar al «comunismo y al socialismo»– el 17 de abril y los días que le precedieron, las arenas de Girón, los milicianos, el pánico de la huida; cómo olvidar que de la noche a la mañana los «aguerridos» soldados de la Brigada 2506 se transformaron en «cocineros», «pinches de cocina» y «sacristanes», cómo olvidar que los cambiaron por compotas, no debe ser fácil llevar a cuestas la deshonra eterna del mercenario.
Dicen que el gobierno yanqui les prometió concluir lo que comenzaron en bahía de Cochinos. Es muy posible, los que desconocen la historia están condenados a repetirla, porque cualquier aventura de los EE. UU. y sus lacayos terminará de nuevo para ellos en otra costosa derrota.
Periódico Granma














