Guayacán es el nombre común con el que se conoce a varias especies de árboles nativos de América, pertenecientes a los géneros Tabebuia, Caesalpinia, Guaiacum y Porlieria. Todas las especies de guayacán se caracterizan por poseer una madera muy dura. Es justamente por esa característica que reciben el nombre de guayacán, aun cuando no guarden relación de parentesco entre sí.
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lunes, 8 de octubre de 2018

Extraen mensaje en tumba del último mambí en Cuba


La nieta de Fajardo Vega entregó la cápsula con el mensaje a la primera secretaria de la UJC, que la trasladará al acto por el aniversario 150 del inicio de las luchas por la independencia. Foto: Agustín Borrego Torres/ Trabajadores.
Jóvenes y combatientes cubanos rindieron tributo este lunes al último mambí, Juan Fajardo Vega, en el mausoleo del Cacahual. Allí se celebró la ceremonia oficial de extracción de la cápsula con el mensaje a las futuras generaciones, conservado en el sitio hace 28 años, desde la muerte de Fajardo Vega en 1990, y que será leído en la conmemoración nacional por el aniversario 150 del inicio de las guerras de independencia, el miércoles 10 de octubre en La Demajagua.
A la ceremonia asistieron Susely Morfa González, primera secretaria del Comité Nacional de la UJC; el general de división José Antonio Carrillo Gómez, presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución, y otros invitados.
El acto transcurrió en el nicho que guarda los restos de Fajardo Vega en el complejo monumental de El Cacahual, en La Habana, junto a los restos del Mayor General Antonio Maceo y de su ayudante, el capitán Francisco Gómez Toro (Panchito), y del líder comunista Blas Roca Calderío.
Ronald Hidalgo Rivera, segundo secretario del Comité Nacional de la UJC, desenterró de la tumba de Fajardo Vega el documento de carácter histórico, que, afirmó, es reflejo de nuestra historia pasada y presente y será recordado por otras generaciones de cubanos como símbolo imperecedero de la Patria.
“Es para nosotros un honor y compromiso que nuestra organización sea la encargada de extraer el memorable documento en el cual se resume toda la confianza que siempre se ha tenido en los pinos nuevos para preservar la soberanía y la independencia de la nación”, dijo.
Una joven miembro de la Unidad de Ceremonia de las FAR entregó la cápsula con el mensaje a Elisa Estrada Fajardo, de 50 años de edad y nieta de Fajardo Vega, quien a su vez lo entregó a la primera secretaria del Comité Nacional de la UJC.
Una ofrenda floral en nombre del pueblo de Cuba fue colocada en la tumba del soldado del Ejército Libertador, e integrantes de una compañía de ceremonias de las Fuerzas Armadas Revolucionarias realizaron una guardia de honor.
El último mambí nació en los inicios de la década de 1880 en un lugar cercano al poblado de Contramaestre, actual provincia de Santiago de Cuba. En 1897 se incorporó a las filas del Ejército Libertador; décadas después colaboró con el Ejército Rebelde en el Tercer Frente Mario Muñoz, y tras el triunfo de la Revolución se mantuvo activo en la construcción de una nueva sociedad. Murió en agosto de 1990, a los 108 años de edad.
Pese a las penurias económicas de la época, se negó a cobrar pensión alguna por su participación en la guerra y quienes lo conocieron tuvieron el privilegio de estar ante un hombre comprometido con el deber, con su nación.
Entre las condecoraciones que recibió sobresale la medalla por Servicios Distinguidos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
(Con información de la ACN)

viernes, 23 de febrero de 2018

Las pretensiones de Estados Unidos hacia Cuba

Cubadebate
Este año conmemoraremos el 150 aniversario del inicio de las guerras por la independencia de Cuba, en un contexto en que Estados Unidos aumenta la hostilidad hacia la Revolución Cubana y retoma la Doctrina Monroe para justificar su proyección injerencista de “América para los americanos”. La estrategia de “espera paciente”, la concepción geopolítica del “destino manifiesto” y la “política de la fruta madura” se fue transmitiendo de generación en generación entre los grupos de poder que dominaron los diferentes Gobiernos estadounidenses desde los primeros años del siglo XIX.
Durante las tres guerras independentistas ningún presidente norteamericano reconoció la beligerancia e independencia de los patriotas cubanos. Para descifrar las pretensiones geopolíticas de Estados Unidos hacia Cuba desde entonces, resulta imprescindible analizar los testimonios de los Mayores Generales del Ejército Libertador Carlos Manuel de Céspedes, José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez.
El primer Presidente de la República de Cuba en Armas y Padre de la Patria, en una carta dirigida en 1870 a José Manuel Mestre, representante en Washington del Gobierno en Armas, escribió:
“Por lo que respecta a Estados Unidos tal vez estaré equivocado; pero en mi concepto su gobierno a lo que aspira es a apoderarse de Cuba sin complicaciones peligrosas para su nación y entretanto que no salga del dominio de España. Siquiera sea para constituirse en poder independiente; este es el secreto de su política (…)”.
Desde 1880 vivió desterrado Martí en Estados Unidos, y durante casi 15 años pudo constatar directamente las transformaciones del país y su tránsito de la etapa capitalista a la imperialista. Con la asunción de Benjamín Harrison (1889-1893) a la Casa Blanca y el nombramiento como secretario de Estado al anexionista James G. Blaine, el gobierno estadounidense retomó la idea de comprar a Cuba.
En ese contexto y con motivo de la celebración de la Primera Conferencia Internacional de Estados Americanos, Martí lo alertó, el 29 de octubre de 1889, en carta a Gonzalo de Quesada: “(…) Y una vez en Cuba los Estados Unidos ¿quién los saca de ella? ¿Ni por qué ha de quedar Cuba en América, como según este precedente quedaría, a manera, –no del pueblo que es, propio y capaz–, sino como una nacionalidad artificial, creada por razones estratégicas? Bases más seguras quiero, para mi pueblo. Ese plan en sus resultados, sería un modo directo de anexión”.
Martí era consciente de la necesidad de lograr la unidad para enfrentar a dos enemigos sumamente poderosos: España y Estados Unidos. Con ese objetivo proclamó en Cayo Hueso, el 10 de abril de 1892, el nacimiento del Partido Revolucionario Cubano, del que fue electo Delegado. Agrupó en una misma organización política a los emigrados, a la vieja generación que inició la lucha por la independencia y a las nuevas generaciones.
A finales de 1894 había conseguido el armamento necesario para reiniciar la contienda. El 11 de abril de 1895 desembarcó junto a Máximo Gómez por Playitas de Cajobabo; diez días antes lo había hecho Antonio Maceo por Duaba; ambos puntos situados en el oriente cubano. El 5 de mayo se reunieron los tres principales jefes de la guerra en la finca La Mejorana para organizar el curso de la Revolución.
Dos semanas más tarde, el 19 de mayo, en Dos Ríos, Martí desoyó el consejo de Gómez, quien le indicó permanecer en la retaguardia y cargó contra una tropa española bien posicionada. Murió en el combate. La víspera escribió a Manuel Mercado:
“La guerra de Cuba, realidad superior a los vagos y dispersos deseos de los cubanos y españoles anexionistas, a que sólo daría relativo poder su alianza con el gobierno de España, ha venido a su hora en América, para evitar, aún contra el empleo franco de todas esas fuerzas, la anexión de Cuba a los Estados Unidos”.
La pérdida del más universal de los cubanos fue irreparable. No obstante, la lucha continuó. Gómez y Maceo habían vivido la experiencia de la posición asumida por los Gobiernos estadounidenses de turno durante la Guerra de los Diez Años. Ambos, al igual que Martí, insistieron en que la independencia se alcanzaba por los propios esfuerzos de los cubanos.
En ese periodo gobernaba la Casa Blanca Grover Cleveland (1893-1897), quien indicó a su secretario de Estado, Richard Olney, retomar la idea de apropiarse de Cuba, manteniendo la compra como primera opción. España se negó. El 14 de julio de 1896, Maceo le escribió al coronel Federico Pérez Carbó, de misión en Nueva York:
“De España jamás esperé nada; siempre nos ha despreciado y sería indigno que se pensase en otra cosa. La libertad se conquista con el filo del machete, no se pide; mendigar derechos es propio de cobardes incapaces de ejercitarlos. Tampoco espero nada de los [norte] americanos; todo debemos fiarlo a nuestros esfuerzos; mejor es subir o caer sin ayuda que contraer deudas de gratitud con un vecino tan poderoso”.
El Héroe de Baraguá mantuvo siempre una postura firme de rechazo a las tendencias anexionistas. Tuvo la capacidad de descifrar desde el campo de batalla las intenciones del naciente imperio. Su caída en combate, el 7 de diciembre de 1896, representó un duro golpe para la Revolución, que perdió en poco tiempo a dos de sus jefes más valiosos y con posiciones antimperialistas.
El Generalísimo, con el dolor de haber perdido también en combate junto a Maceo, a su hijo Panchito Gómez Toro, continuó la batalla. Convencido de que en el campo militar la guerra contra España estaba en su etapa final y observando las pretensiones estadounidenses de intervenir en el conflicto, gestionó infructuosamente, con el capitán general Arsenio Martínez Campos, el reconocimiento de la definitiva independencia.
Los peligros advertidos en reiteradas ocasiones por estos cuatro grandes revolucionarios durante casi 30 años de combate, se concretaron con la intervención militar estadounidense en el conflicto hispano-cubano y la firma de la paz entre las dos potencias, sin tener en cuenta a los patriotas cubanos. Con el alma destrozada, el 8 de enero de 1899, el Generalísimo cerró su Diario de Campaña:
“(…) los Americanos han amargado con su tutela impuesta por la fuerza, la alegría de los cubanos vencedores; y no supieron endulzar la pena de los vencidos.
“La situación pues, que se le ha creado a este Pueblo; de miseria material y de apenamiento, por estar cohibido en todos sus actos de soberanía, es cada día más aflictiva, y el día que termine tan extraña situación, es posible que no dejen los americanos aquí ni un adarme de simpatía”.
Estados Unidos ocupó militarmente el territorio cubano. El Tratado de París les permitió izar la bandera de las barras y las estrellas en la Plaza de Armas; a continuación, licenciaron al Ejército Libertador. Querían anexarse el país y no lo consiguieron; una isla anegada con la sangre de sus mejores hijos se los impidió. Entonces establecieron la Enmienda Platt como apéndice a la Constitución cubana, para garantizar que la nueva nación quedara atada en lo político, lo económico y lo mercantil.
Gómez lo denunció en Porvenir de Cuba: “Ellos se fueron, al parecer es verdad. El día 20 de mayo, yo mismo ayudé a enarbolar la bandera cubana en la azotea del Palacio de la Plaza de Armas. ¡Y cuantas cosas pensé yo ese día! Todos vimos que el general Wood, gobernador que fue se hizo a la mar en seguida, llevándose su bandera, pero moralmente tenemos a los americanos aquí”.
La retirada de Estados Unidos fue formal y aplicó además otras fórmulas intervencionistas en el campo ideológico y cultural. Esa fue la realidad de nuestro país durante 60 años, hasta que llegó la definitiva independencia el 1ro. de Enero de 1959, con el triunfo de la Revolución Cubana. Ahí está la esencia del conflicto bilateral entre ambos países que perdura en el tiempo: recuperar la dominación sobre Cuba y transformar su sistema político, económico y social, contra la voluntad soberana del pueblo cubano de defender su independencia y mantener el socialismo.
(Tomado de Granma)
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