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| Reina Luisa Tamayo, al centro, junto al congresista cubanoamericano Mario Díaz-Balart, izquierda, y el representante cubanoamericano David Rivera, dos de los defensores en el gobierno de Estados Unidos del terrorista Posada Carriles. |
Por Ernesto Pérez Castillo
A Reina Luisa Tamaño, el hijo que antes le arrebataron en vida, ahora después de muerto se lo han vuelto a arrebatar.
Orlando Zapata Tamayo murió en la cárcel, tras una huelga de hambre de verdad –sin el show mediático que alimenta y sostiene a Guillermo Fariñas cada vez que deja de comer– y eso hace una diferencia.
Mientras duró su agonía, los que ahora lo visten de mártir no movieron un dedo para desalentarle su decisión fatal. Antes bien, le impulsaron a continuar su sin sentido, mientras ellos posaban ante las cámaras, simulando un dolor que no sintieron jamás. Ahí le arrancaron a esa madre su hijo por primera vez, al dejarlo solo en su ciega obstinación.
Ahora, cuando Reina Luisa ha llegado a Miami con las cenizas de su hijo, se lo han vuelto a arrancar de entre las manos, y le han dicho que prepararán para él un nicho en el así llamado Mausoleo de los Héroes de Bahía de Cochinos.