El segundo secretario
del Comité Central del Partido Comunista de Cuba José Ramón Machado Ventura, insistió este viernes en la provincia de las Tunas que la producción de alimentos
es decisiva para la recuperación de la ganadería .Al intervenir en un activo de las Unidades
Empresariales de Base, el Vicepresidente de los Consejos de Estado y de
Ministros destaco que hay que prepararse para explotar las cuencas de agua con
recursos locales. Machado Ventura reconoció
la importancia de la inseminación artificial para elevar la reproducción, pero
señalo que por encima de ello esta que los
animales se alimenten y tengan el agua que necesitan. Agrego que como
Las Tunas es de las provincias más deforestadas de Cuba, debe concebirse un
programa especial para elevar el ritmo de la siembra de árboles teniendo en
cuenta que con ello aumenta la posibilidad que se incremente el régimen de lluvia.
Después del triunfo revolucionario del Primero de
Enero de 1959, todas las celebraciones del asalto a los cuarteles
Moncada y Carlos Manuel de Céspedes han tenido la relevancia que
corresponde al Día de la Rebeldía Nacional.
No obstante, hace 51 años, el 26 de julio de 1964, tuvo una
connotación especial, pues en el multitudinario acto presidido por el
Comandante en Jefe, Fidel Castro, el pueblo santiaguero, en
representación de toda la Patria, aprobó por unanimidad la
Declaración de Santiago de Cuba, reafirmando su inquebrantable
decisión de enfrentarse a los acuerdos de la OEA tomados cinco días
antes, en la IX Reunión de Consulta de Cancilleres. En esa reunión, la
OEA acordó el rompimiento de relaciones diplomáticas y consulares con
Cuba y tomó otros acuerdos dirigidos a interrumpir todo su intercambio
comercial y el transporte marítimo entre sus países miembros y el
archipiélago. Todos esos acuerdos estaban destinados a aislar a Cuba
del mundo y crear las condiciones para una agresión armada.
La Declaración de Santiago de Cuba constituyó la tercera declaración
popular de los cubanos dirigida a condenar los intentos de la OEA
encaminados a destruir a la Revolución.
ANTECEDENTES DE LA DECLARACIÓN DE SANTIAGO DE CUBA
La
VII Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA, celebrada en la
capital de Costa Rica, en agosto de 1960, aprobó la Declaración de San
José, enfilada contra Cuba, pues atentaba contra la autodeterminación
nacional, la soberanía y la dignidad de Cuba, y de todos los pueblos
hermanos de América Latina. La OEA cumplía su función de “Ministerio de
Colonias yanquis”, como la calificara Raúl Roa, el Canciller de la
Dignidad.
En respuesta a los resultados de la Reunión de San José, el 2 de
septiembre de 1960, en la Plaza de la Revolución José Martí, el pueblo
de Cuba en Asamblea General adoptó la Declaración de La Habana,
mediante la cual rechazó las pretensiones hegemónicas de Estados
Unidos.
Dieciséis meses más tarde, en el balneario de Punta del Este,
República Oriental del Uruguay, el 22 de enero de 1962 se inició la
VIII Reunión de Consulta de Cancilleres de la OEA, donde se aprobó una
resolución que excluía la participación de Cuba en el sistema
inte-ramericano. Esa exclusión fue el paso previo para que pocos días
después, el 3 de febrero de 1962, el presidente John F. Kennedy firmara
la Orden Ejecutiva Presidencial No. 3447, que establecía el bloqueo
total del comercio entre Cuba y Estados Unidos.
En condena a los acuerdos de Punta del Este, y en apoyo al Gobierno
Revolucionario de Cuba, el 4 de febrero de 1962, más de un millón de
personas concentradas en la Plaza de la Revolución aprobaron la Segunda
Declaración de La Habana. Entonces, la declaración anterior recibió el
nombre de Primera Declaración de La Habana.
Posteriormente, en 1964, mediante diversas presiones, el 21 de julio
se inició en Washington la IX Reunión de Consulta de Cancilleres de la
OEA. Su objetivo: aprobar una nueva resolución obligando a que todos
los Estados miembros de la organización rompieran sus relaciones
diplomáticas, comerciales y consulares con la Revolución Cubana. Bajo el
chantaje del gobierno de Estados Unidos, la decisión fue acatada por la
mayoría de los gobiernos latinoamericanos y caribeños.
El 26 de julio de 1964, ante el pueblo santiaguero, el Comandante en
Jefe desmontó, una a una, las intrigas, patrañas y falacias que se
manejaron en la IX Reunión de Consulta de Cancilleres.
En el memorable diálogo establecido con el pueblo durante el acto del 26 de Julio, Fidel preguntó:
¿Qué ocurrió allí? Pues un grupo de países, encabezados por Estados
Unidos, impuso allí su criterio, sus puntos de vista. Ya todo el mundo
sabía qué iba a hacer el Gobierno de Nicaragua, el Gobierno de Honduras,
el Gobierno de El Salvador, el Gobierno de Venezuela, el Gobierno de
Colombia, el Gobierno de Brasil; no era sorpresa para nadie.
¿Qué quería Estados Unidos? Que todas las naciones de América Latina
rompieran relaciones con nosotros. Y tomaron el acuerdo del rompimiento
de relaciones diplomáticas y el rompimiento de relaciones consulares. Y
por aquí traigo el acuerdo de la Organización de Estados Americanos.
(Todas las citas tomadas de Revolución, 28 de julio de 1964)
Fidel aclaró que solo México, Chile, Uruguay y Bolivia no habían
votado esas sanciones. Estas cuatro naciones habían resistido las
presiones del Departamento de Estado del Gobierno de Estados Unidos y
se habían negado a romper las relaciones diplomáticas con Cuba.
Pero, la IX Reunión no se limitó a aprobar acuerdos de sanción, “son
—como dijo Fidel— tan desvergonzados que suscribieron una declaración
que se llama Declaración al pueblo cubano”, cuyo texto dice en una de
sus partes:
“…dentro de ese espíritu de solidaridad, los pueblos libres de
América no pueden ni deben permanecer indiferentes, ajenos a la suerte
del noble pueblo cubano oprimido por una dictadura que reniega de las
tradiciones cristianas y democráticas de los pueblos americanos”.
LA DECLARACIÓN DE SANTIAGO DE CUBA
Aquel
26 de Julio, poco a poco, el pueblo fue conociendo la conjura del
gobierno nor-teamericano contra Cuba, hasta que llegó el momento en que
Fidel expresó:
Y, por último, voy a proponer a ustedes esta Declaración, en
respuesta a la Declaración de la OEA, y en nombre del pueblo de Cuba dio
lectura a los doce puntos que conforman la Declaración, de condena a la
OEA, que actuó en complicidad con Estados Unidos.
Tras dar lectura al documento, Fidel terminó diciendo:
“Así que esta es la Declaración, que la sometemos a la consideración
del pueblo, para que sea promulgada como la Declaración de Santiago
de Cuba, en digna respuesta a esa farsa, a esa comedia, a ese show, a
esa maniobra de nuestros enemigos”.
De inmediato, todo el pueblo de Cuba se unió al de Santiago de Cuba
para proclamar la aprobación de la declaración cubana: Declaración de
Santiago de Cuba.
LA HISTORIA ESTÁ DEL LADO NUESTRO
La declaración
de la OEA encontró su respuesta en la poderosa Declaración de Santiago
de Cuba y las palabras del jefe de la Revolución tuvieron un carácter
profético. Fidel se dirigió a los obreros y a los campesinos de los
países que votaron contra Cuba y les expresó la fe y la seguridad en que
“algún día, por las buenas o por las malas, lanzarán por la borda a
esos miserables gorilas; tomarán el poder y harán también allí la
revolución de los obreros y de los campesinos, y liquidarán los
monopolios yanquis, y acabarán con la explotación del hombre por el
hombre”.
Y significó Fidel:
Y veamos cómo termina todo eso, veamos al final de los años quién
tenía razón: si ellos o no-sotros, si los esbirros se apoderan de Cuba
otra vez o a los esbirros los echan por la borda en aquellos pueblos
oprimidos de América Latina.
Frente al llamamiento de los imperialistas a la contrarrevolución, el
llamamiento de la Revolución Cubana a la revolución latinoamericana.
¡Llamamiento contra llamamiento! Y veremos quién tiene la razón;
veremos de qué lado está la historia, si del lado de ellos o del lado
nuestro; veremos si ellos pueden destruir la Revolución, o si los
pueblos destruyen a la reacción y al imperialismo. ¡Veremos! Tiempo
tendrán para saberlo.
Y el tiempo ha confirmado la validez de este llamamiento. Como
augurara Fidel, los esbirros “fueron echados por la borda en aquellos
pueblos oprimidos” y la historia ha visto crecer la revolución
latinoamericana y cambiar el mapa político del continente. Hoy, la
mayoría de los gobiernos de América Latina expresan el deseo de
integrar a sus países en los esfuerzos de la unión regional. Se hace
evidente que la voluntad de los pueblos latinoamericanos se dirige hacia
la dignificación y liberación de todos.
Una muestra palpable de esos cambios políticos ocurridos en América
Latina tuvo lugar durante los primeros días de junio del 2009, cuando en
la 39 Reunión de la OEA fuera aprobada por aclamación la derogación de
la resolución que, aprobada en la VIII Reunión en 1962, excluía a Cuba
del sistema latinoamericano. La rectificación del error no puede
atribuirse a un cambio de posición en la OEA. La decisión de derogar el
acuerdo sin establecer condiciones, fue un importante triunfo de la
unidad latinoamericana, liderada por los países de ALBA. Aun cuando Cuba
no tiene interés alguno en pertenecer a la OEA y ese acuerdo no basta
para borrar las manchas que pesan sobre el organismo, el dejar sin
efecto la resolución de 1962 que expulsó a nuestro país del sistema
latinoamericano, es una clara evidencia de la rebeldía de los pueblos de
Latinoamérica y de que “la historia está de nuestro lado”, como
afirmara el compañero Fidel, hace 51 años en aquel 26 de julio de 1964.

