“Pueblo que pierde la historia, pierde el futuro”.
Así se refirió Alberto Juantorena, doble campeón olímpico de Montreal
1976 y vicepresidente de la IAAF (Asociación Internacional de
Federaciones de Atletismo) sobre las cubanas que compitieron de forma
épica en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Panamá 1970.
Fueron 22 mujeres que no solo barrieron en las 12 pruebas convocadas en el campo y pista —hazaña aún hoy no superada por nación alguna en el contexto centrocaribeño y continental— quienes también llenaron sus arcas con una decena de medallas de plata y ocho bronces.
Encabezadas por la velocista Miguelina Cobián (títulos en 100, 200 y 4x100) y la desaparecida Marlene Elejalde (100 c/v, heptatlón y 4x100), las representantes antillanas en aquella oportunidad se comportaron de manera estoica, desafiando la travesía en barco, las horas ancladas en las aguas itsmeñas.
Hoy, a 45 años de la hazaña y como parte de las actividades por el 110 aniversario del atletismo en Cuba, fueron homenajeadas una decena de exponentes del campo y pista de entonces. Además de la ya mencionada Cobián se reconoció a Marcia Garbey (oro en longitud y plata en heptatlón), Carmen Trustée (as de 400 y 800), Hilda Fabré (oro en salto de altura), Grecia Hamilton, titular en bala, Violeta Quesada (subcampeona en 200), Aurelia Pentón (plata en 400), Marima Rodríguez (bronce en altura), Miriam Pupo (bronce en longitud), y Cristina Betancourt (plata en disco).
“El nuestro era un equipo muy unido. Llegamos muy bien preparadas, teníamos mucha confianza en nuestros entrenadores. No dejamos de prepararnos ni siquiera cuando el barco estuvo anclado en medio del mar, rodeadas de tiburones. Teníamos un alto compromiso con el pueblo y defendimos con creces nuestra bandera. Nunca antes en 45 años nos habíamos reunido. Estamos muy agradecidas de tener esta posibilidad. Todas disfrutamos cada competencia hoy en día, vemos reflejado en atletas como Yarisley Silva y Denia Caballero, nuestro espíritu”, sentenció Garbey, quien con 72 años viajó desde su natal Santiago de Cuba para el encuentro.
A propósito, las nuestras coparon el podio de premiaciones en el hectómetro, los 200, la vuelta al óvalo, los 100 c/v, el salto de altura, la longitud, la bala y el disco.
“Yo cuando niño en Santiago de Cuba corría soñando ser como Enrique Figuerola, era mi inspiración. Estas mujeres son las que inseminaron esa estirpe de Mariana, Celia y Vilma en María Caridad Colón, Ana Fidelia Quirot, Yarisley Silva, Denia Caballero y todas las que hoy contribuyen con sus resultados y entrega a preservar el prestigio del campo y pista”, sentenció Juantorena, quien ponderó los roles de timoneles del propio Figuerola y José Salazar, este último el hombre que lo captó para el deporte rey tras su incursión inicial en el baloncesto.
Remembranza de un hecho sin precedentes. Esta vez las féminas de Panamá 1970, hicieron sus mejores cronos entre las satisfacciones del recuerdo y la amistad.
Fueron 22 mujeres que no solo barrieron en las 12 pruebas convocadas en el campo y pista —hazaña aún hoy no superada por nación alguna en el contexto centrocaribeño y continental— quienes también llenaron sus arcas con una decena de medallas de plata y ocho bronces.
Encabezadas por la velocista Miguelina Cobián (títulos en 100, 200 y 4x100) y la desaparecida Marlene Elejalde (100 c/v, heptatlón y 4x100), las representantes antillanas en aquella oportunidad se comportaron de manera estoica, desafiando la travesía en barco, las horas ancladas en las aguas itsmeñas.
Hoy, a 45 años de la hazaña y como parte de las actividades por el 110 aniversario del atletismo en Cuba, fueron homenajeadas una decena de exponentes del campo y pista de entonces. Además de la ya mencionada Cobián se reconoció a Marcia Garbey (oro en longitud y plata en heptatlón), Carmen Trustée (as de 400 y 800), Hilda Fabré (oro en salto de altura), Grecia Hamilton, titular en bala, Violeta Quesada (subcampeona en 200), Aurelia Pentón (plata en 400), Marima Rodríguez (bronce en altura), Miriam Pupo (bronce en longitud), y Cristina Betancourt (plata en disco).
“El nuestro era un equipo muy unido. Llegamos muy bien preparadas, teníamos mucha confianza en nuestros entrenadores. No dejamos de prepararnos ni siquiera cuando el barco estuvo anclado en medio del mar, rodeadas de tiburones. Teníamos un alto compromiso con el pueblo y defendimos con creces nuestra bandera. Nunca antes en 45 años nos habíamos reunido. Estamos muy agradecidas de tener esta posibilidad. Todas disfrutamos cada competencia hoy en día, vemos reflejado en atletas como Yarisley Silva y Denia Caballero, nuestro espíritu”, sentenció Garbey, quien con 72 años viajó desde su natal Santiago de Cuba para el encuentro.
A propósito, las nuestras coparon el podio de premiaciones en el hectómetro, los 200, la vuelta al óvalo, los 100 c/v, el salto de altura, la longitud, la bala y el disco.
“Yo cuando niño en Santiago de Cuba corría soñando ser como Enrique Figuerola, era mi inspiración. Estas mujeres son las que inseminaron esa estirpe de Mariana, Celia y Vilma en María Caridad Colón, Ana Fidelia Quirot, Yarisley Silva, Denia Caballero y todas las que hoy contribuyen con sus resultados y entrega a preservar el prestigio del campo y pista”, sentenció Juantorena, quien ponderó los roles de timoneles del propio Figuerola y José Salazar, este último el hombre que lo captó para el deporte rey tras su incursión inicial en el baloncesto.
Remembranza de un hecho sin precedentes. Esta vez las féminas de Panamá 1970, hicieron sus mejores cronos entre las satisfacciones del recuerdo y la amistad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario