Marcelo Claure, presidente y jefe de operaciones ejecutivas de la compañía Sprint, que ha firmado un reciente acuerdo con ETECSA, estuvo de visita en La Habana. Como es común entre los visitantes que llegan a Cuba,
sean amigos o no, Claure fue a la Plaza de la Revolución e hizo una
foto de la imagen del Che que luego colgó en su twitter. Ese sencillo
gesto fue el pretexto para que esta semana en Miami se
desatara sobre el empresario una campaña de acoso, en la que
participaron hasta congresistas federales encabezados por el Republicano
Carlos Curbelo, actual titular del Distrito 26 de la Florida, que abarca los cayos (condado Monroe) y el sur del condado Miami Dade.
Curbelo, que es de origen cubano, utilizó
su ataque a Claure para lanzar una andanada de ofensas al Che, una
figura que le queda demasiado grande. Este artículo, como respuesta, va
dirigido a ese congresista de Miami:
Mira Curbelo… Tú no conoces al Che; tú no
sabes quién es el Che. Tu familia parece que no ha tenido capacidad
mental para entender al Che y enseñártelo en su verdad; y tú es obvio
que no la tienes para haberlo entendido por tu cuenta.
Tus descendientes no van a entender al
Che. O a lo mejor sí. Ojalá que sí. El Che era una persona con una
capacidad de valor como pocas la han tenido; y con unas convicciones en
consecuencia con ese valor.
El Che era argentino, era de toda América
Latina y de todo el universo. El Che fue un hombre que desde su
juventud formó parte de los movimientos guerrilleros más importantes de
su época.
El Che fue un revolucionario en varios
contenientes. Recorrió Nuestra América y conoció de primera mano los
problemas de la gente. Era un médico y un revolucionario y en esa doble
condición se puso al servicio de los más necesitados. Luchó en
Guatemala, donde se opuso al golpe preparado por los halcones de la CIA
contra Velazco Alvarado; luchó en Cuba, en el Congo, en Bolivia. Donde quiera que hiciera falta, en cualquier lugar que conoció una injusticia allí estuvo el Che.
Como debieras saber Curbelo, el Che fue
asesinado vilmente en Bolivia por un personaje que vive actualmente en
Miami; o con la complicidad de ese personaje, llamado Félix Ismael
Rodríguez Mendigutía, a quien apodan “el gato”. No importa que haya
disparado otro, “el gato” estaba allí para asegurarse de que lo
masacraran cobardemente. No te creas ninguna otra leyenda, ninguna otra
mentira.
Seguramente tú conoces a ese asesino,
porque es de las personas que tú tratas de ganarte con difamaciones como
las que recientemente has proferido, para que voten por tu reelección.
Se te olvidó muy pronto lo que una vez dijiste de la honestidad y el
respeto a la verdad cuando eras miembro de la junta escolar de Miami.
Pero a ti el magisterio no te pega, no te gusta. Donde tú te sientes
bien es en ese tipo de política que se vuelve corrupta y se alimenta de
lo inmoral.
Porque tú no haces política buena para
los ciudadanos Curbelo, tú haces política contra Cuba, te alimentas de
los ataques al país de tus padres.
En Che era una persona que nunca aceptó
un privilegio. ¡Qué no hubiera podido tener el Che! ¡Qué no se habría
ganado ya el Che con su valor y su ejemplaridad! Yo estoy seguro que ese
carguito que tú tienes como congresista federal tú lo defiendes hasta
con las uñas, hasta con las cutículas; si tienes que clavar las uñas
para mantenerte en el puesto las clavas; y si tienes que pintártelas, te
las pintas Curbelo. Las de las manos y las de los pies.
Para hablar de una figura como el Che
tienes que aprender muchas cosas primero. No hablar desde la ignorancia;
porque es desde la ignorancia que tú lo has atacado con mucho odio.
Porque cuando uno ni siquiera conoce a quien ataca es muestra de que lo
hace por odio inculcado o porque se presta para transmitir pensamientos o
sentimientos de otros. En tu caso seguramente que de Ileana
Ros-Lehtinen y de Mario Díaz-Balart, que llevan más tiempo que tú en el
congreso. O de David Rivera, a quien seguramente seguirás con tus pasos.
Mira Curbelo, cuando al Che le rozaban
las balas seguía adelante sin importarle el peligro; con quince hombres
bajo su mando el Che ponía en jaque a una columna de cientos de
enemigos. Lo hacía de frente. Y además los rendía, por táctica y
estrategia. En la guerra abierta y en la guerrilla el Che era capaz de
resistir días enteros sin comer, y atendía a sus hombres cuando
enfermaban o eran heridos, antes que a sí mismo. El Che sufrió varias
heridas y jamás se quejó.
Yo estoy convencido congresista Curbelo,
que si usted ve una escopeta de “perles”, de copita, que si usted
escucha el ligero silbido de una “balita U”, yo estoy seguro que usted
sale volando. Quiero decir corriendo… No, volando: usted sale volando
del miedo y habrá que seguirlo por la huella de lo que vaya soltando por
el camino. Sea el producto que sea el que se desprenda del cuerpecito
suyo.
Usted es incapaz de enfrentar la vida
como la enfrentó el Che Guevara. Desde el punto de vista icónico, sin
que con esto quiera comparar sus vidas, el Che es hoy una figura
comparable a las grandes leyendas del siglo XX y que acompañan nuestro
tiempo; pienso, por ejemplo, en John Lennon.
Yo no sé si usted entiende esto Curbelo;
pero limpie su tren de aterrizaje cuando use la boca para hablar del
Che. Usted es víctima de todas esas leyendas y mentiras que andan por
Miami. Déjeme aclararle que el Che jamás abatió a una persona indefensa.
El Che enfrentó enemigos, eso sí; a mercenarios pagados por potencias
extranjeras para que atentaran contra su pueblo.
Ya quisieras encontrarte tú en el lugar
que el Che se perdiera. El Che era guapo Curbelo; pregúntales a tus
padres lo que es ser guapo. Si tú hubieras estado en uno de los
escuadrones de los esbirros que tú admiras, el Che solo Curbelo, con el
Capitán San Luis y El Vaquerito al lado, déjame decirte, que te caminaba
pa’rriba, pa’rriba Curbelo y los rendían a pura letra “C”.
Mira Curbelo, del Che hablan muchos; pero
hablar ofensivamente, en lo personal, como tú has hecho, requiere otras
cosas. Para que lo sepas.
(www.latardesemueve.com/@edmundogarcia65)
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