Martes, 03/11/2015 15:40 PM
La
Habana arriba a su 496 aniversario en momentos de colosales desafíos.
Seleccionada entre las siete ciudades maravilla del mundo, y luego de
competir con más de 200 candidatas de cientos de países, la capital
cubana obtuvo el significativo reconocimiento.
Se tuvo en cuenta su diversidad arquitectónica y urbanística que data de siglos de existencia, la cual a pesar del deterioro de buena parte de su infraestructura, no ha mellado en lo pintoresco de su gente, que conserva la nobleza e idiosincrasia de sus antepasados, a lo que se suma la belleza natural de su litoral y ecosistema global.
El
arquitecto Ricardo Porro, -ya fallecido-, dijo que uno de los
principales atractivos de esta ciudad consiste en un urbanismo de
comunicación, donde se generan espacios con un ambiente familiar e
íntimo, y también Mario Coyula, igualmente arquitecto y urbanista que
estudió profundamente este entorno, expresó; “el trazado de calles
estrechas con manzanas pequeñas y compactas, comercios de esquina, lotes
también estrechos y edificios bajos dio a La Habana una silueta, ritmo,
textura, escala y carácter muy especiales. Y el movimiento moderno
apostará seguramente a enriquecer esa rica herencia arquitectónica.
Así de grande es el empeño actual del Historiador de la Ciudad Eusebio Leal, y las autoridades del Gobierno y el Partido, por alcanzar la adecuada imagen que para su Capital, los cubanos demandan.
Desde finales del siglo pasado se viene ejecutando un vasto pro-grama inversionista con acciones orientadas a la restauración y conservación de áreas comprendidas esencialmente en el casco histórico y otras zonas que constituyen patrimonio cultural.
Pero
por supuesto, ello aún es insuficiente por cuanto hay décadas
acumuladas de carencias de recursos económicos-financieros posibles de
destinar a esta sustancial misión.
Muchos inmuebles de construcción muy antigua han sufrido el impacto de períodos de desgaste, ante la imposibilidad de acciones de mantenimiento para su preservación. Los menoscabos en las edificaciones y viales se agudizaron durante los años de Período Especial, en que la Isla vio afectado entonces, más del 85 porciento de su comercio exterior, y la industria nacional se vio obligada a paralizar renglones de producción, incluyendo aquellos orientados a la construcción y reparación de viviendas que se acometieron años antes, con el impulso de las microbriga-das.
Al
aproximarse la ciudad a cinco siglos de existencia los retos son
también superiores, y cada vez se buscan nuevas y mejores alternativas
para encontrar perentorias soluciones a esta y otras problemáticas
presentes.
No puede soslayarse tampoco que la densidad de población en esta urbe triplica con creces la de la década de los años 60 y 70 de la anterior centuria, el desarrollo socio-económico estrechamente vinculado a la superación educacional y cultural de generaciones de hombres y mujeres a lo largo y ancho del país, tiene mucho que ver con la emigración de profesionales hacia la Capital de todos los cubanos en busca de mejores posibilidades.
Y aunque nadie duda de la creación de opciones y oportunidades de desarrollo que se fomentan en otras provincias- incluyendo universidades e institutos de nivel medio y superior- para lograr mayor retención de especialistas y profesionales en disímiles ramas del conocimiento, ello aún no es suficiente. De ahí que La Habana cuente hoy, entre población flotante y residente, con más de 2 millones de personas, en igual espacio urbanístico concebido desde la etapa colonial.
Estos factores, que son solo una parte ínfima de los temas requeridos de particular atención en las localidades habaneras deberán ser resueltos, o al menos minimizados, en los próximos diez años. Pero debe existir comprensión de que el reto es enorme y para lograrlo hay que trabajar arduamente, con expresa voluntad creativa, y sobre todo de forma mancomunada, las autoridades y los ciudadanos en los Consejos Populares y en cada una de las comunidades correspondientes. Y contribuiría decisivamente con este objetivo el levantamiento del criminal bloqueo de EE.UU. contra Cuba.
También
el saneamiento, la higiene y limpieza en los barrios debe acertar con
definitiva solución. La crítica y el rechazo a los malos hábitos
sanitarios, a la indisciplina social y a la indiferencia ante los
negligentes que potencian microvertederos y perjudican la salud de sus
coterráneos en los municipios es imprescindible, y lo incorrecto y
pernicioso tiene que tener la respuesta contundente de los organismos
competentes y toda la población.
La pertinencia de hacer valer las bondades de esta hermosa Habana, salvaguardando su identidad, el profundo sentido patriótico de sus habitantes, y proyectando una imagen cada vez más bella y agraciada para quienes decidieron vivir en ella, o visitarla, debe constituir la premisa básica en estos años de conmemoración que nos acercan a los cinco siglos de vida de la querida Capital de Cuba.
Tomado del Periodico Tribuna de la Habana
Por Aixa Alfonso en la sección
Fotos: Aixa Alfonso Guerra
Se tuvo en cuenta su diversidad arquitectónica y urbanística que data de siglos de existencia, la cual a pesar del deterioro de buena parte de su infraestructura, no ha mellado en lo pintoresco de su gente, que conserva la nobleza e idiosincrasia de sus antepasados, a lo que se suma la belleza natural de su litoral y ecosistema global.
Así de grande es el empeño actual del Historiador de la Ciudad Eusebio Leal, y las autoridades del Gobierno y el Partido, por alcanzar la adecuada imagen que para su Capital, los cubanos demandan.
Desde finales del siglo pasado se viene ejecutando un vasto pro-grama inversionista con acciones orientadas a la restauración y conservación de áreas comprendidas esencialmente en el casco histórico y otras zonas que constituyen patrimonio cultural.
Muchos inmuebles de construcción muy antigua han sufrido el impacto de períodos de desgaste, ante la imposibilidad de acciones de mantenimiento para su preservación. Los menoscabos en las edificaciones y viales se agudizaron durante los años de Período Especial, en que la Isla vio afectado entonces, más del 85 porciento de su comercio exterior, y la industria nacional se vio obligada a paralizar renglones de producción, incluyendo aquellos orientados a la construcción y reparación de viviendas que se acometieron años antes, con el impulso de las microbriga-das.
No puede soslayarse tampoco que la densidad de población en esta urbe triplica con creces la de la década de los años 60 y 70 de la anterior centuria, el desarrollo socio-económico estrechamente vinculado a la superación educacional y cultural de generaciones de hombres y mujeres a lo largo y ancho del país, tiene mucho que ver con la emigración de profesionales hacia la Capital de todos los cubanos en busca de mejores posibilidades.
Y aunque nadie duda de la creación de opciones y oportunidades de desarrollo que se fomentan en otras provincias- incluyendo universidades e institutos de nivel medio y superior- para lograr mayor retención de especialistas y profesionales en disímiles ramas del conocimiento, ello aún no es suficiente. De ahí que La Habana cuente hoy, entre población flotante y residente, con más de 2 millones de personas, en igual espacio urbanístico concebido desde la etapa colonial.
Estos factores, que son solo una parte ínfima de los temas requeridos de particular atención en las localidades habaneras deberán ser resueltos, o al menos minimizados, en los próximos diez años. Pero debe existir comprensión de que el reto es enorme y para lograrlo hay que trabajar arduamente, con expresa voluntad creativa, y sobre todo de forma mancomunada, las autoridades y los ciudadanos en los Consejos Populares y en cada una de las comunidades correspondientes. Y contribuiría decisivamente con este objetivo el levantamiento del criminal bloqueo de EE.UU. contra Cuba.
La pertinencia de hacer valer las bondades de esta hermosa Habana, salvaguardando su identidad, el profundo sentido patriótico de sus habitantes, y proyectando una imagen cada vez más bella y agraciada para quienes decidieron vivir en ella, o visitarla, debe constituir la premisa básica en estos años de conmemoración que nos acercan a los cinco siglos de vida de la querida Capital de Cuba.
Tomado del Periodico Tribuna de la Habana
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