Autor :
Publicado : 12/02/2014
El Informe de Santa Fe de 1980 es el
preludio de una nueva etapa de las agresiones norteamericanas contra la
nación cubana. Este informe constituyó una especie de plataforma
programática para América Latina y pretendía enfocar una nueva política
norteamericana para los años ochenta. En el texto queda explícito el
diferendo histórico entre Cuba y los EE.UU., ya que recoge un grupo de
acciones punitivas contra la nación que abarcan desde la creación de una
estación de radio y el reconocimiento aéreo hasta medidas contra
diplomáticos cubanos y el recorte del turismo norteamericano en Cuba. De
manera específica se recoge el interés de iniciar nuevas transmisiones
hacia el país mediante la creación de Radio Cuba Libre, una
emisora que estaría bajo la tutela del gobierno estadounidense y
tendría como objetivo «emitir información objetiva sobre Cuba».
Entre las primeras acciones concretas de esta etapa se encuentran las emisiones realizados por los conocidos grupos contrarrevolucionarios Alpha 66 y Omega 7 . Posteriormente, la organización contrarrevolucionaria Cuba Independiente y Democrática (CID) también emitió hacia Cuba desde diferentes países centroamericanos y caribeños.
Con la llegada de la administración Ronald Reagan a la Casa Blanca (1981-1989), se inicia un nuevo ciclo de la agresión radiotelevisiva contra Cuba y la idea del uso subversivo de los medios y los postulados del Informe de Santa Fe es retomada con ímpetu renovado. En septiembre de 1981 se inician los pasos oficiales para concretar el proyecto de una emisora destinada especialmente para transmitir hacia Cuba. El proceso estuvo plagado de avances y retrocesos, de protestas a lo interno y lo externo de la nación norteña, pero la decisión política de establecer un servicio de radio contra el país caribeño primó en todo momento.
Un estudio realizado por los servicios de inteligencia norteamericanos en los dos primeros años del gobierno de Reagan mostró las posibles consecuencias positivas que el establecimiento de una emisora como Radio Martí (RM) tendría. En primer lugar, RM se convertiría en carta de negociaciones en caso de que fuera un inconveniente para el gobierno cubano. Además, la emisora podría ser un centro de investigaciones sobre Cuba y en caso de muerte o desaparición de Fidel Castro sería una forma de influir en la población y el gobierno. Entre los objetivos declarados de la emisora estaban: brindar información «objetiva» al pueblo cubano y ayudar al pueblo cubano a exigirle cuentas al gobierno cubano.
En 1982 se aprobó una enmienda que posicionaba a RM dentro de la triada que dirigía la Junta Internacional de Radiodifusión (BIB) (REL – RL – RM), de esta forma, la experiencia de las otras emisoras tributaría a las actividades en el Caribe. Con la aprobación en 1983 por el 98 Congreso norteamericano de la Radio Broad-casting to Cuba Act (Public Law 98-111) se creó Radio Martí, pero no fue hasta 1985 que se produjo la primera emisión. Radio Martí resultó privilegiada al poder disponer de servicios y facilidades otorgados a una entidad gubernamental y por la colaboración del resto de las agencias federales.
En 1984 se decidió crear la Oficina de Transmisiones hacia Cuba (OCB) para dirigir especialmente las operaciones de Radio Martí, institución subordinada a la Junta Internacional de Radiodifusión (IBB, por sus siglas en inglés).Desde su fundación la OCB fue polémica. Grupos de interés, políticos, y algunos en los medios de comunicación se opusieron a la misión de dicha organización por lo que las quejas sobre sus transmisiones no se hicieron esperar.
La administración no escatimó esfuerzos en lo que a subversión ideológica se refería y además de RM se desarrollaron otros proyectos. Los vínculos con la comunidad de exiliados cubanos en Miami se vigorizaron y en julio de 1981 se crea la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) que fungió como caja de resonancia a favor de Radio Martí.
Por otra parte, en 1982 la planta ubicada en Miami, WOBA, solicitó a la FCC un incremento de la potencia y modificación de los patrones de antena para que su señal se escuchara en Cuba; petición que se concretó en 1983. Desde Centroamérica se transmitió mediante Radio Caimán en agosto de 1985 y en octubre de ese mismo año la emisora WGBS establecida en Miami, cambió de propietarios y pasó del inglés al español.
WRHC y WCMQ modifican en 1987 sus patrones de radiodifusión para penetrar mejor en el territorio cubano y dos años más tarde comienzan las transmisiones de la Voz de la FNCA.
El otro gran proyecto del período fue la creaciónen 1989 de TV Martí. Pero desde julio de 1985, en la Convención Anual de Publicistas Latinos, la FNCA anunció sus estudios de factibilidad para transmitir señales televisivas a Cuba e inmediatamente el proyecto empezó a circular en el Congreso.
A finales de ese año se entregó a Reagan una carta donde se proponía incluir expresamente el uso de la TV contra Cuba. Con la intención de movilizar la opinión pública interna a favor de esta iniciativa el añosiguiente medios de difusión estadounidenses, The New York Times y The Washington Post, abordan el posible impacto que supondría la transmisión de TV desde EE.UU. hacia Cuba. El apoyo de la Florida no demoró y en mayo de 1986 Lawton Chiles, representante por este estado, envió al entonces director de la USIA, Charles Wick, una carta abogando por el uso de la TV contra la nación cubana.
Después de realizarse los estudios de factibilidad y aprobarse los fondos para la puesta en práctica entre 1987 y 1988, la Cámara y el Senado aprobaron sendas Resoluciones autorizando la estación de televisión una vez que las pruebas de transmisión hubiesen sido llevadas a cabo de manera satisfactoria en 1989. Finalmente, el 27 de marzo de 1990 se inició la agresión televisiva contra Cuba.
La variante escogida para las emisiones televisivas fue un globo cautivo con un transmisor a bordo que transmitiría desde la zona de Cudjoe Key. La señal de televisión se generaría en Washington (posteriormente la pasarían a Miami) y sería transmitida a una estación terrena ubicada en Cudjoe Key, de ahí hacia el transmisor ubicado en la góndola del aerostato, de donde partiría la señal para tratar de entrar a Cuba. Desde este punto los métodos escogidos variaron dependiendo de las administraciones y los avances tecnológicos.
La emisora TV Martí aparece como un paso superior de las agresiones radioelectrónicas contra el país y complemento de RM. De hecho, «a diferencia del extenso debate congresional que precedió las emisiones radiales del Gobierno norteamericano contra Cuba, las transmisiones de televisión maduraron en solo meses». Las emisiones se rigen por la misma ley, la 98-111 del Congreso, que rige a Radio Martí y la OCB también dirige su actividad.
Según un informe presentado al Congreso norteamericano en 2007:
Con anticipación más que suficiente y por todas las vías posibles, Cuba hizo todo lo que estuvo a su alcance en el orden político y diplomático con el objetivo de convencer al gobierno de los Estados Unidos de la conveniencia de abandonar su nueva escalada en la agresión en materia de telecomunicaciones. El gobierno cubano expresó, como con Radio Martí, su disposición para negociar un entendimiento respecto al intercambio de programas y transmisiones de televisión; acción que no fructificó.
Tomado de la Tesis de Licenciatura «De la televisión analógica a la televisión digital terrestre en Cuba: implicaciones para la estrategia de política exterior cubana ante la tele-agresión norteamericana». Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García.
Entre las primeras acciones concretas de esta etapa se encuentran las emisiones realizados por los conocidos grupos contrarrevolucionarios Alpha 66 y Omega 7 . Posteriormente, la organización contrarrevolucionaria Cuba Independiente y Democrática (CID) también emitió hacia Cuba desde diferentes países centroamericanos y caribeños.
Con la llegada de la administración Ronald Reagan a la Casa Blanca (1981-1989), se inicia un nuevo ciclo de la agresión radiotelevisiva contra Cuba y la idea del uso subversivo de los medios y los postulados del Informe de Santa Fe es retomada con ímpetu renovado. En septiembre de 1981 se inician los pasos oficiales para concretar el proyecto de una emisora destinada especialmente para transmitir hacia Cuba. El proceso estuvo plagado de avances y retrocesos, de protestas a lo interno y lo externo de la nación norteña, pero la decisión política de establecer un servicio de radio contra el país caribeño primó en todo momento.
Un estudio realizado por los servicios de inteligencia norteamericanos en los dos primeros años del gobierno de Reagan mostró las posibles consecuencias positivas que el establecimiento de una emisora como Radio Martí (RM) tendría. En primer lugar, RM se convertiría en carta de negociaciones en caso de que fuera un inconveniente para el gobierno cubano. Además, la emisora podría ser un centro de investigaciones sobre Cuba y en caso de muerte o desaparición de Fidel Castro sería una forma de influir en la población y el gobierno. Entre los objetivos declarados de la emisora estaban: brindar información «objetiva» al pueblo cubano y ayudar al pueblo cubano a exigirle cuentas al gobierno cubano.
En 1982 se aprobó una enmienda que posicionaba a RM dentro de la triada que dirigía la Junta Internacional de Radiodifusión (BIB) (REL – RL – RM), de esta forma, la experiencia de las otras emisoras tributaría a las actividades en el Caribe. Con la aprobación en 1983 por el 98 Congreso norteamericano de la Radio Broad-casting to Cuba Act (Public Law 98-111) se creó Radio Martí, pero no fue hasta 1985 que se produjo la primera emisión. Radio Martí resultó privilegiada al poder disponer de servicios y facilidades otorgados a una entidad gubernamental y por la colaboración del resto de las agencias federales.
En 1984 se decidió crear la Oficina de Transmisiones hacia Cuba (OCB) para dirigir especialmente las operaciones de Radio Martí, institución subordinada a la Junta Internacional de Radiodifusión (IBB, por sus siglas en inglés).Desde su fundación la OCB fue polémica. Grupos de interés, políticos, y algunos en los medios de comunicación se opusieron a la misión de dicha organización por lo que las quejas sobre sus transmisiones no se hicieron esperar.
La administración no escatimó esfuerzos en lo que a subversión ideológica se refería y además de RM se desarrollaron otros proyectos. Los vínculos con la comunidad de exiliados cubanos en Miami se vigorizaron y en julio de 1981 se crea la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA) que fungió como caja de resonancia a favor de Radio Martí.
Por otra parte, en 1982 la planta ubicada en Miami, WOBA, solicitó a la FCC un incremento de la potencia y modificación de los patrones de antena para que su señal se escuchara en Cuba; petición que se concretó en 1983. Desde Centroamérica se transmitió mediante Radio Caimán en agosto de 1985 y en octubre de ese mismo año la emisora WGBS establecida en Miami, cambió de propietarios y pasó del inglés al español.
WRHC y WCMQ modifican en 1987 sus patrones de radiodifusión para penetrar mejor en el territorio cubano y dos años más tarde comienzan las transmisiones de la Voz de la FNCA.
El otro gran proyecto del período fue la creaciónen 1989 de TV Martí. Pero desde julio de 1985, en la Convención Anual de Publicistas Latinos, la FNCA anunció sus estudios de factibilidad para transmitir señales televisivas a Cuba e inmediatamente el proyecto empezó a circular en el Congreso.
A finales de ese año se entregó a Reagan una carta donde se proponía incluir expresamente el uso de la TV contra Cuba. Con la intención de movilizar la opinión pública interna a favor de esta iniciativa el añosiguiente medios de difusión estadounidenses, The New York Times y The Washington Post, abordan el posible impacto que supondría la transmisión de TV desde EE.UU. hacia Cuba. El apoyo de la Florida no demoró y en mayo de 1986 Lawton Chiles, representante por este estado, envió al entonces director de la USIA, Charles Wick, una carta abogando por el uso de la TV contra la nación cubana.
Después de realizarse los estudios de factibilidad y aprobarse los fondos para la puesta en práctica entre 1987 y 1988, la Cámara y el Senado aprobaron sendas Resoluciones autorizando la estación de televisión una vez que las pruebas de transmisión hubiesen sido llevadas a cabo de manera satisfactoria en 1989. Finalmente, el 27 de marzo de 1990 se inició la agresión televisiva contra Cuba.
La variante escogida para las emisiones televisivas fue un globo cautivo con un transmisor a bordo que transmitiría desde la zona de Cudjoe Key. La señal de televisión se generaría en Washington (posteriormente la pasarían a Miami) y sería transmitida a una estación terrena ubicada en Cudjoe Key, de ahí hacia el transmisor ubicado en la góndola del aerostato, de donde partiría la señal para tratar de entrar a Cuba. Desde este punto los métodos escogidos variaron dependiendo de las administraciones y los avances tecnológicos.
La emisora TV Martí aparece como un paso superior de las agresiones radioelectrónicas contra el país y complemento de RM. De hecho, «a diferencia del extenso debate congresional que precedió las emisiones radiales del Gobierno norteamericano contra Cuba, las transmisiones de televisión maduraron en solo meses». Las emisiones se rigen por la misma ley, la 98-111 del Congreso, que rige a Radio Martí y la OCB también dirige su actividad.
Según un informe presentado al Congreso norteamericano en 2007:
los críticos han señalado a los programas como «one-sided», a veces vulgares, y propensos a resaltar asuntos que pertenecen a la comunidad de exiliados cubanos en Miami y al gobierno de los EE.UU. También han alegado que la mala calidad de los programas, particularmente de la posteriormente creada Televisión Martí, impide cualquier oportunidad de materializar los objetivos de los EE.UU. de promover la democracia en el país. En todo caso, los críticos señalaron que las señales tanto de radio como TV son interferidas por el gobierno cubano eficazmente y solamente alcanzan una minúscula audiencia a un costo considerablemente alto.
Con anticipación más que suficiente y por todas las vías posibles, Cuba hizo todo lo que estuvo a su alcance en el orden político y diplomático con el objetivo de convencer al gobierno de los Estados Unidos de la conveniencia de abandonar su nueva escalada en la agresión en materia de telecomunicaciones. El gobierno cubano expresó, como con Radio Martí, su disposición para negociar un entendimiento respecto al intercambio de programas y transmisiones de televisión; acción que no fructificó.
Tomado de la Tesis de Licenciatura «De la televisión analógica a la televisión digital terrestre en Cuba: implicaciones para la estrategia de política exterior cubana ante la tele-agresión norteamericana». Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García.

No hay comentarios:
Publicar un comentario