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Publicado : 13/02/2014
El interés sobre Cuba por la Agencia Central de Inteligencia (CIA)
no surgió en 1959. Esta agencia desplegó una intensa actividad de
inteligencia interna desde 1947, en correspondencia con el alto grado de
prioridad política y económica de su gobierno hacia la isla, integrando
una poderosa estación «legal» dentro de la embajada de EE.UU. en La
Habana, con una representación operativa en el consulado de Santiago de
Cuba y el apoyo de su estación en Miami. Uno de sus objetivos
estratégicos en los primeros años de la década de los años cincuenta,
fue evaluar y tratar de contrarrestar la creciente efervescencia
revolucionaria existente. Según diversas fuentes, la CIA intentó
monitorear las actividades de los jóvenes revolucionarios nucleados
alrededor de Fidel Castro
en el Movimiento de la Generación del Centenario. Las actividades
revolucionarias de los clubes de emigrados cubanos en territorio
norteamericano eran estrechamente vigiladas también por la CIA en
coordinación con el Buró Federal de Investigaciones (FBI).
La CIA recomendó al gobierno del tirano Batista crear un aparato represivo contra el movimiento comunista, incluidos los líderes de las organizaciones políticas y estudiantiles considerados hostiles a sus intereses, surgiendo así el criminal Buró Represivo de Actividades Comunistas (BRAC), al que brindó asesoramiento y entrenamiento operativo y abasteció con medios técnicos secretos de todo tipo. El gobierno norteamericano y sus servicios de inteligencia nunca condenaron los asesinatos, la represión y las violaciones de los derechos humanos de aquella dictadura sangrienta. Los asesores yanquis en el BRAC y las misiones militares se mantuvieron impasibles ante el secuestro y la tortura.
La creación del BRAC y la visita a Cuba del Director de la CIA Allen W. Dulles, se realizó pocos días antes de la excarcelación de los asaltantes al cuartel Moncada el 15 de mayo de 1955. Esta visita abrió las puertas a otros altos dignatarios de la agencia. El Inspector General de la CIA Lyman Kirkpatrick —uno de los cargos de mayor nivel jerárquico en la agencia—realizó en aquellos años varias visitas, lo que evidenciaba el seguimiento y prioritaria atención a sus intereses operativos en el país. Cada una de ellas trajo consigo un incremento de las acciones directas de la CIA contra el movimiento revolucionario. La primera se realizó en junio de 1956, en momentos en que la vanguardia revolucionaria dirigida por Fidel Castro se preparaba en México y se reorganizaban los clubes patrióticos del 26 de Julio en Estados Unidos. Según sus memorias, Kirkpatrick valoró el estado de la coordinación y el trabajo investigativo e informativo de los órganos represivos y sostuvo reuniones con el tirano Batista y con su ministro de Gobernación Santiago Rey, máximo funcionario a quien se encontraba adscrito el BRAC.
Kirkpatrick visitó Cuba nuevamente en abril de 1957, apenas transcurridos unos meses del desembarco del Granma y el levantamiento armado en Santiago de Cuba. Solo un mes antes se había producido el ataque al Palacio Presidencial por miembros del Directorio Revolucionario. Según Kirkpatrick, la CIA estaba muy interesada en la obtención del máximo de información sobre la explosiva situación interna. A finales del tercer trimestre de 1958 se produjo la tercera y última visita de Kirkpatrick, cuando se producía el impetuoso avance del Ejército Rebelde y resultaban cada vez más infructuosos para la CIA los intentos por encontrar una «tercera fuerza» que contrarrestara la victoria revolucionaria. La finalidad de aquella visita, según sus palabras, era la de «[…] fortalecer el Buró de Represión de Actividades Comunistas y hacer que su trabajo[...] fuera más efectivo […]».
La CIA intentó infructuosamente la creación de una “tercera fuerza” política en Cuba, «[…] un grupo moderado –según palabras del alto funcionario de la CIA entre los años 60 y 70 David Atlee Phillips– entre Castro a la izquierda y Batista a la derecha». Ante este fracaso trabajó insistentemente en la posibilidad de fomentar un golpe de estado mediante las fuerzas armadas de la tiranía para tratar de escamotear el inminente triunfo del Ejército Rebelde. El 23 de diciembre de 1958, en una sesión del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), Allen Dulles insistía: «Debemos prevenir la victoria de Castro». Días más tarde triunfó la Revolución Cubana. Pero la CIA no se detuvo.
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La CIA recomendó al gobierno del tirano Batista crear un aparato represivo contra el movimiento comunista, incluidos los líderes de las organizaciones políticas y estudiantiles considerados hostiles a sus intereses, surgiendo así el criminal Buró Represivo de Actividades Comunistas (BRAC), al que brindó asesoramiento y entrenamiento operativo y abasteció con medios técnicos secretos de todo tipo. El gobierno norteamericano y sus servicios de inteligencia nunca condenaron los asesinatos, la represión y las violaciones de los derechos humanos de aquella dictadura sangrienta. Los asesores yanquis en el BRAC y las misiones militares se mantuvieron impasibles ante el secuestro y la tortura.
La creación del BRAC y la visita a Cuba del Director de la CIA Allen W. Dulles, se realizó pocos días antes de la excarcelación de los asaltantes al cuartel Moncada el 15 de mayo de 1955. Esta visita abrió las puertas a otros altos dignatarios de la agencia. El Inspector General de la CIA Lyman Kirkpatrick —uno de los cargos de mayor nivel jerárquico en la agencia—realizó en aquellos años varias visitas, lo que evidenciaba el seguimiento y prioritaria atención a sus intereses operativos en el país. Cada una de ellas trajo consigo un incremento de las acciones directas de la CIA contra el movimiento revolucionario. La primera se realizó en junio de 1956, en momentos en que la vanguardia revolucionaria dirigida por Fidel Castro se preparaba en México y se reorganizaban los clubes patrióticos del 26 de Julio en Estados Unidos. Según sus memorias, Kirkpatrick valoró el estado de la coordinación y el trabajo investigativo e informativo de los órganos represivos y sostuvo reuniones con el tirano Batista y con su ministro de Gobernación Santiago Rey, máximo funcionario a quien se encontraba adscrito el BRAC.
Kirkpatrick visitó Cuba nuevamente en abril de 1957, apenas transcurridos unos meses del desembarco del Granma y el levantamiento armado en Santiago de Cuba. Solo un mes antes se había producido el ataque al Palacio Presidencial por miembros del Directorio Revolucionario. Según Kirkpatrick, la CIA estaba muy interesada en la obtención del máximo de información sobre la explosiva situación interna. A finales del tercer trimestre de 1958 se produjo la tercera y última visita de Kirkpatrick, cuando se producía el impetuoso avance del Ejército Rebelde y resultaban cada vez más infructuosos para la CIA los intentos por encontrar una «tercera fuerza» que contrarrestara la victoria revolucionaria. La finalidad de aquella visita, según sus palabras, era la de «[…] fortalecer el Buró de Represión de Actividades Comunistas y hacer que su trabajo[...] fuera más efectivo […]».
La CIA intentó infructuosamente la creación de una “tercera fuerza” política en Cuba, «[…] un grupo moderado –según palabras del alto funcionario de la CIA entre los años 60 y 70 David Atlee Phillips– entre Castro a la izquierda y Batista a la derecha». Ante este fracaso trabajó insistentemente en la posibilidad de fomentar un golpe de estado mediante las fuerzas armadas de la tiranía para tratar de escamotear el inminente triunfo del Ejército Rebelde. El 23 de diciembre de 1958, en una sesión del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), Allen Dulles insistía: «Debemos prevenir la victoria de Castro». Días más tarde triunfó la Revolución Cubana. Pero la CIA no se detuvo.
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