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Publicado : 13/02/2014
La estación de la Agencia Central de Inteligencia (CIA)
en la embajada estadounidense en La Habana, situada en una céntrica
zona del Vedado frente al litoral habanero, continuó su actividad ilegal
hasta la ruptura unilateral de relaciones diplomáticas por parte de
Estados Unidos en enero de 1961.
Al triunfar la Revolución Cubana el gobierno norteamericano tenía acreditados en el país, entre diplomáticos y personal auxiliar —incluyendo personal en tránsito—, a más de 300 empleados.
Una poderosa misión diplomática tan ampliamente estructurada solo se justificaba por los importantes intereses económicos que EE.UU. tenía en el país y sus estrechos vínculos políticos y militares con el régimen batistiano. Organizar la recolección de inteligencia en la isla y hacerla llegar a Washington se convirtió en una de sus principales tareas.
Estas condiciones, potenciadas tempranamente por la CIA para valorar in situ la compleja situación política interna que atravesaba el país en 1957 y 1958 y el auge creciente del movimiento insurreccional encabezado por Fidel Castro, contribuyeron al reforzamiento de su plantilla en La Habana con anterioridad al triunfo revolucionario.
Muchos documentos cubanos y norteamericanos, desclasificados de aquella etapa, evidencian el sistemático monitoreo informativo que realizaba dicha embajada sobre todo lo que acontecía en el país.
El proceso revolucionario a partir del primero de enero de 1959 y su apoyo popular había ido polarizando los distintos sectores de la sociedad cubana y las alternativas que tenía la CIA para seleccionar y «reclutar» fuentes humanas capaces de aportar información de inteligencia no abundaban, razón por lo que ex batistianos, terratenientes y burgueses constituyeron el potencial mayoritario de las primeras redes de inteligencia de la estación local de la CIA en La Habana a partir de entonces.
A pesar de aquella limitación, documentos desclasificados norteamericanos reconocen que «mientras, la embajada de Estados Unidos en La Habana estuvo abierta, asegurando las comunicaciones, la sección» —se refiere a la rama WH-4 de la CIA— «recibió y procesó una buena cantidad de inteligencia sobre Cuba, fundamentalmente sobre asuntos políticos, económicos y relacionados con el Partido Comunista».[1]
Los servicios especiales norteamericanos velaron porque su estación local en La Habana mantuviera normas operacionales que garantizaran a sus oficiales y agentes una cobertura idónea, con su inclusión dentro del Staff general de la embajada. Al triunfar la Revolución, hacía uso de mantos seguros para realizar el trabajo de exploración, reclutamiento, atención y traslado de jefes de redes y agentes independientes, organización y ejecución de operaciones secretas, abastecimiento de medios ilegales a sus redes y aplicaciones técnicas de escucha y seguimiento, por solo mencionar algunas tareas de inteligencia que realizaban con bastante impunidad en aquellos primeros momentos.
Para proteger la actividad ilegal de sus oficiales de inteligencia, la estación utilizó ampliamente la categoría de «agregado» diplomático en una buena parte de su personal dedicado al espionaje y la subversión, violando así desde entonces la Convención de Viena. La CIA utilizaba a los oficiales de seguridad del FBI, asentados en la sede, en diversas acciones clandestinas con los grupos contrarrevolucionarios internos. Los oficiales se movían también detrás del manto que le brindaban las dependencias norteamericanas que funcionaban en la capital en las áreas de aviación, trabajo y agricultura, así como la infinidad de empresas comerciales, firmas de negocios y todo tipo de entidades privadas asentadas desde hacía muchos años dentro del país.[2]
La estación utilizó en aquellos años como subcentro operativo al Hotel Victoria, ubicado en la calle 19 esquina a M, Vedado, donde contaba con una habitación preparada con técnicas secretas de escucha, la que era utilizada para contactos con sus colaboradores. Su administrador era norteamericano.
Algunos de los funcionarios que actuaban con manto diplomático a favor de la CIA fueron descubiertos por los incipientes órganos de la Seguridad del Estado cubano mientras desarrollaban sus actos ilegales en el territorio nacional después de 1959.
Tomado de Girón Preludio de la Invasión
Al triunfar la Revolución Cubana el gobierno norteamericano tenía acreditados en el país, entre diplomáticos y personal auxiliar —incluyendo personal en tránsito—, a más de 300 empleados.
Una poderosa misión diplomática tan ampliamente estructurada solo se justificaba por los importantes intereses económicos que EE.UU. tenía en el país y sus estrechos vínculos políticos y militares con el régimen batistiano. Organizar la recolección de inteligencia en la isla y hacerla llegar a Washington se convirtió en una de sus principales tareas.
Estas condiciones, potenciadas tempranamente por la CIA para valorar in situ la compleja situación política interna que atravesaba el país en 1957 y 1958 y el auge creciente del movimiento insurreccional encabezado por Fidel Castro, contribuyeron al reforzamiento de su plantilla en La Habana con anterioridad al triunfo revolucionario.
Muchos documentos cubanos y norteamericanos, desclasificados de aquella etapa, evidencian el sistemático monitoreo informativo que realizaba dicha embajada sobre todo lo que acontecía en el país.
El proceso revolucionario a partir del primero de enero de 1959 y su apoyo popular había ido polarizando los distintos sectores de la sociedad cubana y las alternativas que tenía la CIA para seleccionar y «reclutar» fuentes humanas capaces de aportar información de inteligencia no abundaban, razón por lo que ex batistianos, terratenientes y burgueses constituyeron el potencial mayoritario de las primeras redes de inteligencia de la estación local de la CIA en La Habana a partir de entonces.
A pesar de aquella limitación, documentos desclasificados norteamericanos reconocen que «mientras, la embajada de Estados Unidos en La Habana estuvo abierta, asegurando las comunicaciones, la sección» —se refiere a la rama WH-4 de la CIA— «recibió y procesó una buena cantidad de inteligencia sobre Cuba, fundamentalmente sobre asuntos políticos, económicos y relacionados con el Partido Comunista».[1]
Los servicios especiales norteamericanos velaron porque su estación local en La Habana mantuviera normas operacionales que garantizaran a sus oficiales y agentes una cobertura idónea, con su inclusión dentro del Staff general de la embajada. Al triunfar la Revolución, hacía uso de mantos seguros para realizar el trabajo de exploración, reclutamiento, atención y traslado de jefes de redes y agentes independientes, organización y ejecución de operaciones secretas, abastecimiento de medios ilegales a sus redes y aplicaciones técnicas de escucha y seguimiento, por solo mencionar algunas tareas de inteligencia que realizaban con bastante impunidad en aquellos primeros momentos.
Para proteger la actividad ilegal de sus oficiales de inteligencia, la estación utilizó ampliamente la categoría de «agregado» diplomático en una buena parte de su personal dedicado al espionaje y la subversión, violando así desde entonces la Convención de Viena. La CIA utilizaba a los oficiales de seguridad del FBI, asentados en la sede, en diversas acciones clandestinas con los grupos contrarrevolucionarios internos. Los oficiales se movían también detrás del manto que le brindaban las dependencias norteamericanas que funcionaban en la capital en las áreas de aviación, trabajo y agricultura, así como la infinidad de empresas comerciales, firmas de negocios y todo tipo de entidades privadas asentadas desde hacía muchos años dentro del país.[2]
La estación utilizó en aquellos años como subcentro operativo al Hotel Victoria, ubicado en la calle 19 esquina a M, Vedado, donde contaba con una habitación preparada con técnicas secretas de escucha, la que era utilizada para contactos con sus colaboradores. Su administrador era norteamericano.
Algunos de los funcionarios que actuaban con manto diplomático a favor de la CIA fueron descubiertos por los incipientes órganos de la Seguridad del Estado cubano mientras desarrollaban sus actos ilegales en el territorio nacional después de 1959.
Tomado de Girón Preludio de la Invasión
[1] Informe Kirkpatrick: Epígrafe H, inciso 3. Peter Kornbluh (Ed): Ob. cit., p. 63.
[2]
El capitán James Wilson y el sargento Daniel Lee realizaban labores de
inteligencia desde la Interamerican Geodesic Swing, en La Habana,
organización pantalla de la estación local de la CIA. Esta reclutó
colaboradores entre funcionarios acreditados en las sedes diplomáticas
europeas y latinoamericanas como apoyo a su actividad ilegal de
espionaje a partir de enero de 1961. Tomado de la investigación sobre la
actividad de espionaje de la CIA en 1960-1961, María Cristina Campos
Calderón y Manuel Galván García: Estudio de casos de espionaje de la
CIA. 1959-1961, CIHSE, 2005.

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