Camila Oliva*
A pesar de su autodenominación como el
estado más justo del orbe, las cifras y los ejemplos son abrumadores. A
diario el supuesto “sueño americano” se desvanece entre aquellos que son
víctimas de prácticas contrarias a los principios de los derechos
humanos, encontrándose entre otras, la pena de muerte, las condenas a
cadena perpetua, o el confinamiento en solitario.
Esta gran y poderosa potencia
económica descuida además su deber de proteger a los niños, al tratar a
muchos de ellos como adultos en el sistema de justicia penal, y siendo
el único país en el mundo donde los delincuentes juveniles, menores de
18 años al momento del delito, cumplen cadenas perpetuas sin posibilidad
de libertad.
En fin, ese que siempre ha dicho ser el
mejor país del mundo, ese que se vanagloria de estar en la avanzada de
sectores como la política, la cultura, o la educación, debe también
reconocer que tiene un sistema penitenciario donde el hacinamiento, los
maltratos físicos y psicológicos, o la negación de servicios de salud,
por sólo citar algunos ejemplos, son ínfimas pruebas del turbulento
camino que han recorrido siempre sus derechos humanos.
*Periodista Cubana
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