Camila Oliva*
Sólo en el 2010, en este país se
reportaron 6 628 delitos raciales, 2 201 de los cuales se dirigieron
contra afroamericanos. El 47,3% de esos ataques fue motivado por
prejuicios de raza, un 20% por motivos de religión y 12,8% contra etnias
y nacionalidades. Mientras, dos años más tarde, en el 2012, al menos
136 afroestadounidenses desarmados fueron asesinados por policías o por
guardias de seguridad.
Día tras día las fisuras del “American
way of life” se hacen más visibles, y un rápido vistazo a estadísticas
generales sobre el tema de la igualdad racial nos mostrará que en esta
Nación, los negros tienen menos riquezas e ingresos que los blancos, más
probabilidad de ser encarcelados, y menores posibilidades de completar
un grado universitario.
De forma constante, la discriminación
racial se hace perceptible en disímiles esferas sociales, y
fundamentalmente, en espacios como las prisiones o las escuelas. La
Oficina de Derechos Civiles del Departamento de Educación de Estados
Unidos, divulgó que los estudiantes negros son suspendidos y expulsados
tres veces más que los blancos en los colegios, mientras que en el
desempeño universitario, los blancos mayores de 25 años tienen una mayor
probabilidad de completar un pregrado.
Por otra parte, la Comisión de
Sentencias de Estados Unidos, agencia independiente en la rama judicial,
identificó que en materia penal, entre finales de 2007 y 2011, los
hombres negros recibieron sanciones 19,5 veces más severas que sus pares
blancos en situaciones similares.
Todas estas cifras, no son más que el reflejo de una realidad que
habla por si sola: la discriminación racial en Estados Unidos continúa
siendo un hecho constante de violación de los derechos humanos más
elementales.* Periodista Cubana
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