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Publicado : 12/02/2014
La permanente agresión radial y
televisiva de los Estados Unidos hacia Cuba ha ido en aumento. A
mediados de diciembre directivos de Radio y Televisión Martí alquilaron
espacios en la estación televisiva WPMF-38, propiedad de TVC
Broadcasting que transmite programación de Azteca América, y en Radio
Mambí WAQI 710AM, de la cadena Univisión.
El uso del canal también permitirá a la estación
gubernamental estadounidense el acceso a las transmisiones por satélite
de Direct TV, «las cuales se captan mediante parabólicas ilegales en la
Isla», según reportó El Nuevo Herald. Con esto pretenden lograr
nuevas vías por las cuales sus injerencistas y subversivos mensajes,
destinados a desestabilizar a la Revolución Cubana, sean vistos y oídos
en nuestro país.
Nadie se engañe. No por gusto las recomendaciones contenidas en el capítulo uno del plan anexionista de Bush
incluyen la distribución de computadoras, radios de onda corta, platos
de satélites, decodificadores, fax y fotocopiadoras a sus mercenarios
residentes en Cuba. La mayoría de estos medios que se cuentan por miles,
han sido introducidos ilegalmente por la SINA amparándose en la valija diplomática.
Para ello, y para continuar financiando la
subversión interna en nuestro país, el gobierno estadounidense ha
decidido destinar 80 millones de dólares adicionales en los próximos dos
años, y no menos de 20 millones anuales en lo sucesivo, hasta lograr el
sueño de derrocar a la Revolución.
En ese afán ya se han gastado —y despilfarrado en
malos manejos— 73,5 millones de dólares entre 1996 y el 2005, de acuerdo
con recientes investigaciones realizadas por la Oficina de Auditoría
del Gobierno, órgano del Congreso de los Estados Unidos de América.
Paradójicamente las nuevas vías para realizar las
transmisiones llegan en momentos en que la estación TV Martí, con sede
en Miami, enfrenta una ronda de críticas por invertir 10 millones de
dólares anuales «en producir programas que rara vez ve la audiencia a
los que van dirigidos en esa isla del Caribe», como refirió un despacho
de la agencia AP.
Desoyendo las múltiples denuncias realizadas por
Cuba en foros internacionales, el gobierno estadounidense va en busca de
cualquier ruta por la que pueda lograr audiencia radiotelevisiva para
los programas subversivos emitidos desde su territorio con destino a un
país subdesarrollado y bloqueado.
Con tal actuar violan importantes preceptos de la
Constitución, del Convenio y del Reglamento de Radiocomunicaciones de la
Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT). Estos estipulan que el
objeto de sus estados miembros es el de «facilitar las relaciones
pacíficas, la cooperación internacional entre los pueblos y el
desarrollo económico y social por medio del buen funcionamiento de las
telecomunicaciones».
Ante la reiterada oposición cubana a que se cubra su
territorio con señales de radiodifusión por Ondas Medias, Frecuencia
Modulada o por canales de Televisión, pues esto limita el desarrollo de
sus servicios nacionales, la Oficina de Radiocomunicaciones y la Junta
del Reglamento de Radiocomunicaciones han solicitado a la Administración
norteamericana que cesen las mismas. Por toda respuesta, oídos sordos.
Subiendo el ritmo
No es nada nuevo. La permanente agresión radial por
parte de los EE.UU. contra Cuba se inició en la década del sesenta y ha
ido escalando hasta nuestros días. Desde suelo estadounidense se han
llegado a emitir en una semana más de 2 300 horas por diferentes
servicios y bandas de frecuencias; para ello se han empleado desde
medios clandestinos, amparados por las autoridades, hasta servicios
comerciales y del propio gobierno de esa nación.
La agresión adoptó carácter oficial en 1985 cuando
salió al aire una emisora de Onda Media del referido gobierno. Ubicada
en territorio de ese país con antenas dirigidas a Cuba, transmite
programas cuyo contenido es desestabilizador, injerencista y subversivo.
En 1990 el gobierno de esa nación, miembro de la
UIT, puso en servicio un transmisor de televisión a bordo de un
aerostato cautivo a 3 000 metros de altura en uno de los cayos al sur
del estado de la Florida, para cubrir parte del territorio nacional
cubano con el mismo tipo de programación. Esto causó, además,
interferencias perjudiciales a los servicios de televisión de Cuba,
cuyas estaciones están debidamente inscriptas en el Registro Maestro de
Frecuencias.
Una nueva modalidad de las mismas transmisiones de
televisión se produce en el mes de mayo del 2004, y luego periódicamente
a partir de agosto del 2005, al emplearse una aeronave militar del tipo
EC-130, perteneciente al Co-mando Solo de una unidad de Guerra
Psicológica de las Fuerzas Armadas de ese país. Insolentemente a ambas
emisoras les pusieron el nombre del Héroe Nacional José Martí.
Haz lo que yo digo...
Mientras tales cosas suceden, hacia el interior de
los Estados Unidos la situación es bien distinta. Así lo muestran
recientes reportes.
Javed Iqbal y Saleh Elahwal, dos ciudadanos
estadounidenses, fueron arrestados por el FBI, el primero en agosto y el
segundo el 20 de noviembre del 2006, y serán sometidos a un proceso
judicial en el que podrían ser condenados a 110 años de prisión. ¿Qué
crimen cometieron? Ambos habían instalado antenas parabólicas que les
permitían, a ellos y a otras personas, captar las transmisiones de Al
Manar, el canal televisivo de Hezbollah. Estados Unidos considera que
ese canal de televisión es «una organización terrorista». Por
consiguiente, la justicia estadounidense considera que ver ese canal de
televisión o contribuir a su difusión son hechos que constituyen una
forma de complicidad con una organización terrorista. El juicio tendrá
lugar en Manhattan y permitirá al público saber si Estados Unidos está
dispuesto a llevar hasta sus últimas consecuencias la lógica aberrante
que ha adoptado sobre la cuestión.
El Nuevo Herald dio a conocer el caso de
diez empleados de correos que fueron arrestados en Miami por piratear la
señal de satélite de una empresa de distribución de canales de
televisión, por lo que enfrentan ahora unos 30 años de cárcel.
La piratería de la señal del sistema Direct TV,
dijo, comenzó hace tres años cuando Edward John De Salle, empleado en
una oficina del servicio postal de Estados Unidos del suroeste de
Miami-Dade empezó a cobrar a colegas de trabajo unos 30 dólares por el
acceso al servicio de televisión que tenía en su casa. De Salle contrató
un servicio que le permitía tener acceso total a todos los canales de
Direct TV y después pidió a la empresa que le enviara varias cajas de
decodificadores para supuestamente instalarlas en su propiedad. Sin
embargo, las entregó a sus colegas de trabajo que las colocaron en sus
respectivos hogares.
Los hombres están acusados de «asociación criminal» y
«conspiración para formar una asociación criminal». Según el reporte
las autoridades encontraron en poder de uno de los acusados los
programas de computación necesarios para alterar y falsificar las
tarjetas de acceso a los servicios de satélite de los decodificadores.
Portavoces de Direct TV, afirma, no devolvieron llamadas sobre el caso.
Graves delitos, complicidad con organizaciones
terroristas, severas sanciones...Solo si hechos similares se ejecutan en
tierra estadounidense y perjudican su política gubernamental.
Si van dirigidos contra la nación cubana es harina
de otro costal. En nombre de su tan traída y llevada «lucha por la
democracia», y pisoteando las normativas internacionales, esta potencia
mundial no escatima en utilizar todo su poderío tecnológico y militar
contra un país en vías de desarrollo que no hace otra cosa que defender
sus principios y su soberanía.
Las autoridades de nuestro país, con el apoyo de la
inmensa mayoría del pueblo, toman y tomarán las medidas necesarias para
que los planes diversionistas de la administración Bush no tengan éxito.
Una vez más esos propósitos se estrellarán contra la voluntad popular de enfrentar cada agresión con madurez y decisión.
Aviones, aerostatos, sistemas satelitales
clandestinos, radios presintonizados, no doblegarán nuestra conciencia.
Los que se prestan a multiplicar el mensaje agresivo y soez contra la
Revolución cubana fracasarán en sus intentos.
Tomado de Rebelión

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