La
delegación cubana que participó en los V Juegos Parapanamericanos de
Toronto, Canadá fue recibida por José R. Fernández, Presidente del
Comité Olímpico Cubano
La delegación cubana que participó en los V Juegos
Parapanamericanos de Toronto, Canadá, cabe en un pequeño salón del
Aeropuerto Internacional José Martí de la capital. Hablamos de solo 56
deportistas, 56 espartanos que lucharon contra viento y marea ante
escuadrones con centenares de atletas.Si uno ubica en perspectiva la actuación caribeña en la espectacular urbe norteña, no puede obviar este último detalle, pues habla a las claras del nivel de eficiencia de los nuestros, hombres y mujeres que pasan por encima de sus limitaciones y compiten a todo tren en defensa de la bandera tricolor.
En la cruzada de referencia, Cuba escaló 19 veces a lo más alto del podio y en total se colgaron 47 preseas, para un meritorio sexto lugar que confirma el poderío nacional en estas lides, todo en un concierto bien exigente donde los rivales cuentan cada vez más con los mejores adelantos tecnológicos disponibles.
Sacar la cara y no achicarse en estos escenarios se ha vuelto la especialidad de los antillanos, por lo que bien vale para ellos un reconocimiento mayúsculo, similar al que en su momento se le dio a la comitiva atlética que hace un mes terminó en el cuarto escaño de los Panamericanos.
“El pueblo de Cuba y su movimiento deportivo están contentos por lo que hicieron, con cuánto patriotismo, dignidad y amor defendieron la bandera de la Patria”, expresó José Ramón Fernández, presidente del Comité Olímpico, en el recibimiento de la delegación, que arribó a La Habana en horas de la madrugada de este martes.
Y sus palabras no son más que el sentir de toda una nación, millones de cubanos que se sienten profundamente identificados con las brazadas de Lorenzo Pérez, rey indiscutible de nuestra natación, los ippones de los judocas, el poder de los pesistas (incluida Leydis Rodríguez, la primer titular en Toronto), o la velocidad meteórica de Omara Durand, Yunidis Castillo y Leinier Savón, pequeño que cautivó al salir del tanque de salto para correr en la pista y ganar medallas en ambas pruebas.
Para ellos, y para cada uno de los que compitieron con la casaca cubana, la más cálida bienvenida, por su esfuerzo, por el trabajo, por la preparación y por los éxitos, una vez más demostraron que los Parapanamericanos no son solo unos Juegos más, sino un compromiso de máxima envergadura donde siempre dan la cara.
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