Guayacán es el nombre común con el que se conoce a varias especies de árboles nativos de América, pertenecientes a los géneros Tabebuia, Caesalpinia, Guaiacum y Porlieria. Todas las especies de guayacán se caracterizan por poseer una madera muy dura. Es justamente por esa característica que reciben el nombre de guayacán, aun cuando no guarden relación de parentesco entre sí.

jueves, 6 de agosto de 2015

El tornado de los 12 minutos (+fotos)


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Las ráfagas lanzaron de cabeza sobre los potreros a dos grúas de 64 toneladas. (Foto: Reidel Gallo / Escambray)
El susto de la Lebrije revivió el pasado martes entre los habitantes de Jatibonico cuando un vendaval inesperado sacudió el poblado y viró al revés el rumbo apacible de la tarde
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El cielo se puso negro de pronto y cayeron tres o cuatro goterones. Al principio, nada fuera de lo común, como todos los aguaceros que han caído en Jatibonico desde que el mundo es mundo. Pero el viento comenzó a sonar diferente sobre las seis de la tarde, las gotas a desbarrancarse sobre el asfalto con más intensidad y la gente a mirar por los postigos, aterrorizada, cómo la calle desaparecía bajo una nata blanca que lo engullía todo.
“Mira que yo he pasado huracanes y ventoleras, pero un ciclón no se siente así —describe Odalys Mendoza, todavía con el credo en la boca—. La lluvia de granizo era tan cerrada que caía sobre mi techo de zinc como una bomba. ¿Qué bomba? Esto parecía el fin del mundo”.
A unas cuadras de distancia, junto al central Uruguay, Carlos Valdivia vio caer las piedras de hielo del tamaño de una peseta hasta con entusiasmo, pensando que servirían para refrescarle la cubierta que se ponía al rojo vivo durante el día.
Eso fue al principio; después, cuando las rachas dijeron “aquí estoy yo” y le despegaron el techo de las paredes, ya no atinó sino a resguardarse junto a la pared del baño y a escuchar los gritos de su esposa que, desde entonces, aún no ha recuperado la voz.
“¿Qué puedo decirle? Yo estaba en el cuarto cuando una manga de viento tiró pa’ arriba los canalones y los dejó caer de nuevo como si fuera un mecánico abriendo y cerrando el capó de un carro —relata Valdivia—; ya en el segundo viaje el techo no resistió, se levantó completo como una lata de leche. Cuando miré, tenía las ráfagas pasando sobre mi cabeza”.
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Un centenar de viviendas fueron afectadas en la ciudad de Jatibonico. (Foto: Reidel Gallo / Escambray)
A Carlos Valdivia solo le quedaron unos metros cuadrados de cubierta sobre la terraza posterior del inmueble y un reguero de colchones, televisor, refrigerador, ropa, cacharros de cocina… oreándose al sol en su casa y en la de sus vecinos. “Porque eso sí, periodista, póngalo ahí: desde que pasaron los vientos y amainó el agua, no me ha faltado la mano de mis amigos. Yo creo que medio Jatibonico y más allá ha pasado por aquí”.
Su vivienda figura en la larga lista de afectaciones que dejó a su paso la tormenta local severa que en la tarde-noche de este martes se ensañó con la cabecera municipal de Jatibonico y provocó un centenar de daños en inmuebles, la caída de tantos árboles que las brigadas de recogida de desechos sólidos no daban abasto y la interrupción del servicio eléctrico y telefónico en buena parte de la ciudad. “El acabose”, resume un anciano desde su portal.
Si semejante fenómeno meteorológico clasifica como tormenta local severa, tornado categoría F1 o rabo de nube es algo que no parece interesarle mucho a los pobladores, que andan con la manga al codo sacando los árboles de las vías interrumpidas, trepando a los postes para sustituir el tendido averiado y prestando el sofá al vecino que se quedó a la intemperie.
Lo que quisieran saber a ciencia cierta, más que la real nomenclatura del suceso, es cómo se las arreglaron las ráfagas de más de 180 kilómetros por hora para lanzar de cabeza sobre los potreros cercanos a dos grúas de 64 toneladas —36 de contrapeso— sin siquiera revolcar las matas aledañas.
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Brigadas de Comunales continuaban laborando en la recogida de los desechos. (Foto: Reidel Gallo / Escambray)
“Yo no me lo explico —insiste Segundo Cruz, un espirituano que andaba en visita de trabajo por Jatibonico y que confiesa no haber visto nunca algo así—. ¿A qué velocidad venían esas rachas y a qué altura que tumbaron las dos grúas —no una, las dos— y cosas que pesan menos quedaron para hacer el cuento? Además, el viento lo mismo venía de un lado, que de otro, y el granizo, para qué le cuento. Aquello parecía una lluvia de piedras”.
¿Y cuánto duró el tornado?
“Una hora de aguacero —alega Cruz—; pero de vientos fuertes, unos 25 minutos más o menos”.
“Una hora y media me pasé yo aguantando la puerta de entrada del gobierno para que no se fuera”, afirma no menos convencido el custodio de turno, un anciano al que las articulaciones todavía le duelen del esfuerzo.
“¿Una hora y media? Qué va. Si eso llega a durar una hora no queda títere con cabeza”, sostiene Carlos Valdivia cuando Escambray le repite la pregunta, al parecer un punto en el que los jatiboniquenses no logran ponerse de acuerdo.
“Fueron exactamente 12 minutos —interrumpe Yudelmis Valdivia, sobrina de Carlos—, yo lo digo con propiedad porque cuando empezaron las rachas miré el reloj: 12 minutos exactos y para de contar”.
Doce minutos que bastaron para virar patas arriba la cotidianeidad de un municipio amodorrado que recuerda, por suerte, muy pocos sobresaltos: aquella madrugada, hace 13 años, cuando las grietas en la cortina de la presa Lebrije amenazaron con borrarlo de la faz de la tierra, y cuando el pitazo de alerta del Uruguay advierte, de vez en vez, que se acabó la caña o se rompió una pieza.
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La fuerza de los vientos provocó la caída de árboles frondosos. (Foto: Vicente Brito / Escambray)
Y al central, ¿le pasó algo?, pregunta Escambray.
“Unas planchas de zinc que volaron y el techo de la tienda, que se perdió completo —detalla Rolando Rodríguez Quincoses, presidente de la Asamblea Municipal del Poder Popular—, pero no son daños de envergadura”.
Con tal apreciación coincide Alberto Hernández, un guajiro campechano para quien Jatibonico es el Uruguay, lo demás son áreas verdes: “La prueba es que ese viento platanero pasó por aquí, arrasó con medio pueblo y el central ni se enteró. No hay tornado que pueda con esta mole de hierros viejos”.
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El servicio eléctrico se reanudó gradualmente. (Foto: Reidel Gallo / Escambray)
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Trabajadores de comunales abren paso en las calles.(Foto: Reidel Gallo / Escambray)
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Las dos grúas derribadas de 64 toneladas (Foto: Reidel Gallo/Escambray)
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Árboles caídos a consecuencia del tornado. (Foto: Reidel Gallo / Escambray)
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Viviendas afectadas por el tornado. (Foto: Reidel Gallo / Escambray)
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Viviendas afectadas por el tornado. (Foto: Reidel Gallo / Escambray)

(Con información de Juan Antonio Borrego, Reidel Gallo, Luis Herrera y Enrique Ojito)

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