Sesiones de trabajo en el x Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas. Foto: Fasutino Delgado Alvarez
Por estos días, con alegría puedo decir, que se respira juventud en esta Habana convulsa. Valga aclarar, convulsa por sus semáforos y por los acelerados ómnibus, rebautizados como P que pareciera que se disputan el podio finalista en frenéticas carreras donde la velocidad es protagonista.
Jóvenes de todo el país han tomado por asalto el Palacio de las Convenciones con el pretexto de sentar las bases para un mañana mejor.
Mi generación, consciente de su rol determinante en la preservación de las conquistas de nuestra Revolución, se lanza a la búsqueda de soluciones inmediatas que garanticen para todos la tranquilidad ciudadana que gozamos hoy.
Hasta este domingo se celebra el x Congreso de la Unión de Jóvenes Comunistas. Alejado de cánones preestablecidos, los jóvenes que me representan apuestan por el cambio en el mejor sentido de esa palabra. Cambio partiendo de nosotros mismos que siempre es de todos, el más complicado.
¿Por qué cuesta autorevisarnos y decir estoy haciendo esto bien, aquello pudo salirme mejor? Probablemente porque peor es el asunto cuando otros nos señalan y a la mayoría de los cubanos que conozco, incluida yo, nos encanta dar lecciones de vida, así, sin mucho adorno… todo el tiempo.
Más allá del simple comentario, apostemos por críticas constructivas que nos hagan mejores trabajadores, estudiantes, mejores cada día en cualquiera de las esferas en que nos desenvolvamos. Orgullosos herederos de nuestros antecesores. Ante todo procuremos siempre ser fieles a nosotros, y sobre todo, mejores personas.

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