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Publicado : 19/02/2014
Los tentáculos de la Operación Cóndor se extendieron a
Centroamérica desde el mismo triunfo de la Revolución sandinista el 19
de julio de 1979. Hacia la región fueron enviados decenas de asesores
argentinos pertenecientes al Batallón de Inteligencia 601 del Ejército,
quienes se diseminaron por todos los países de la región. Algunos
pasaron directamente a operar en los campamentos de la Contra nicaragüense
asentados en el sur de Honduras, desde donde incursionaban hacia el
interior de Nicaragua sembrando el terror dentro de la población civil y
para atentar contra la economía de la emergente, liberada y democrática
nación que había derrocado, tras largos años de lucha, a la dinástica
tiranía de los Somoza.
Los revolucionarios nicaragüenses se enfrascaron en reconstruir un país saqueado durante décadas, con una secuela de problemas sociales de salud y educación. Cientos de miles de nicaragüenses eran analfabetos y fue una de las primeras medidas tomadas el erradicar ese flagelo. Cuba ofreció su experiencia y ayuda solidaria para tan noble propósito.
De inmediato se convocó en Cuba a profesores experimentados para organizar la campaña de alfabetización en Nicaragua. Cientos de jóvenes docentes se ofrecieron para llevar el pan de la enseñanza a los más remotos confines de la geografía nicaragüense.
El 3 de noviembre de 1979, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz se reunió con el primer grupo del Contingente Internacionalista de Maestros Augusto César Sandino. Apenas 72 horas después, el día 6, los primeros cien jóvenes maestros cubanos arribaron a Managua, Nicaragua, con la tarea de comenzar a alfabetizar a todo el que lo necesitara. Fueron diseminados en los lugares más apartados país.
Mientras los sandinistas se disponían a extirpar para siempre estos males, las amenazas se cernían para destruir ese proyecto revolucionario. En noviembre de 1980 el general Vernon Walter, uno de los directivos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana y el nicaragüense Horacio Aguirre dueño del Diario Las Américas en Miami, viajaron a Buenos Aires, Argentina para coordinar con la Junta Militar en el poder en ese país la creación de un ejército guerrillero antisandinista.
El 20 de enero de 1981, asume la Casa Blanca el republicano Ronald Reagan, es nombrado Director de la CIA William Casey con la misión de fortalecerla. Aceleradamente trabajó en el diseño de un programa subversivo contra la Revolución sandinista, que ya en marzo estaba estructurado y casi terminado con la participación de los gobiernos de Honduras, Guatemala, Costa Rica y Argentina. Así comenzó la ayuda militar de Estados Unidos a Costa Rica, desde donde también se agredería a Nicaragua.
En el mismo enero de ese año los militares argentinos Osvaldo Ribeiro y Santiago Hoya, seleccionados para instrumentar la agresión, viajaron a Miami para explorar allí la utilización y supervisar los preparativos de los antisandinistas formados por antiguos militares del derrocado ejército somocista.
Hoya conoce al grupo del coronel Enrique Bermúdez y el Chino Lau de la Legión 15 de Septiembre a través de paramilitares guatemaltecos jefes de escuadrones de la muerte asociados a estos ex oficiales de la dictadura.
De esta coordinación preliminar surge el primer contingente seleccionado de somocistas para ser enviados a Buenos Aires donde recibieron entrenamiento, procedían de la Legión 15 de Septiembre con base en Honduras. En ese momento habían comenzado las incursiones de los grupos contrarrevolucionarios dentro del territorio nicaragüense. La modalidad inicial era entrar, atacar objetivos de cualquier tipo y retirarse al territorio hondureño, después comenzaron el asentamiento en comarcas fronterizas y más tarde comenzaron a adentrarse en el país, asolando poblados.
En marzo y abril de 1981 se producen las visitas a Estados Unidos del Presidente de la Junta Militar Argentina Roberto Viola y del general Leopoldo Fortunato Galtieri, jefe del Ejército de ese país.
El terrorista anticubano José de Jesús Basalto León sirvió también a los intereses de los servicios especiales argentinos, que entonces captaron a varios cubanos agentes de la CIA para operar contra dirigentes de la organización argentina Montoneros. Según ha declarado Basulto, se subordinaba al Agregado Militar argentino en Washington. En esa época miembros del Batallón 601 del Ejército argentino habían sido distribuidos como asesores en Centroamérica para organizar la guerra contra Nicaragua.
Resulta interesante el análisis realizado por la CIA de los factores regionales y globales que podían impactar negativamente en los intereses norteamericanos y de aliados locales. En primer término consideraban que el respaldo de Estados Unidos a Gran Bretaña en el conflicto de Las Malvinas podía disminuir su influencia en aérea incluso y citamos: «los Estados Unidos tienen posibilidades de verse solos en América Central».
En segundo lugar estimaba que el gobierno de Venezuela, que apoyaba a fuerzas políticas en Nicaragua y El Salvador, no querría una identificación pública con las actividades de Estados Unidos en la región centroamericana.
Y finalmente, la posición hasta ese momento protagónica de la dictadura Argentina en Centroamérica como gendarme de Estados Unidos, podría variar como resultado del desenlace del conflicto militar en Las Malvinas y su malestar hacia Estados Unidos podría conducir a los argentinos a retirarse o buscar políticas opuestas a las de Washington.
Para consolidar esta unión los jefes de la Contra, William Baltodano, Edmundo Chamorro alias El Negro y otros viajaron en el mes de abril a Buenos Aires, invitados por los militares argentinos para discutir detalles de la alianza. Fueron recibidos por el general Alberto Valin jefe del Estado Mayor del Ejército y por el coronel Darío Davico, jefe de la Inteligencia. En esta cita criminal se acordó incrementar la presencia de asesores argentinos en San José y Tegucigalpa dando paso a la Operación Calipso que se proponía diseminar miembros de los servicios especiales de Argentina por el continente para trabajar contra los refugiados políticos de ese país en la región.
Nuevamente en agosto de 1981, el general Galtieri visitó Washington y fue recibido por el general Edwin Meyer, jefe del Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos.
En septiembre, el jefe de los asesores argentinos en Panamá, Juan Carlos Gallessio, quien actuaba como periodista, entregó a otros dos asesores argentinos Héctor Francés y Juan Martín Ciga Correa, 10,000 dólares para trasladarlos a Honduras y entregarlos al coronel Ribeiro.
El general Galtieri vuelve a Washington en noviembre y se reúne con el director de la CIA William Casey y ultima la participación argentina en la formación de la resistencia antisandinista. A su regreso los militares argentinos conceden al gobierno de El Salvador un crédito de ocho millones de dólares, mientras Ronald Reagan presiona al Congreso y obtiene del mismo la aprobación para reanudar la ayuda militar a Argentina, paralizada desde 1978, como consecuencia de la escalada represiva de la dictadura que gobernaba en ese país.
También el Congreso ratifica a Vernon Walters como embajador, en esta función logró la ayuda financiera a los Contras, a través del gobierno de Argentina a donde viajó en seis ocasiones.
En diciembre de 1981 el subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos reveló en una sesión ante el Comité de Inteligencia del Senado y la Cámara que se realizaban operaciones encubiertas de Estados Unidos en Centroamérica. La CIA era la encargada de suministrar secretamente dinero, entrenamiento y armas a los ex guardias somocistas. Estos fondos se canalizaban por medio de países latinoamericanos, como resultado del acuerdo logrado por el general Vernon Walters, embajador itinerante con servicios especiales de Argentina, Venezuela, Colombia y Chile.
La agresión contra el gobierno revolucionario de Nicaragua se incrementó y los cooperantes cubanos que solidariamente asistían al pueblo en ese país se convirtieron en blanco de los actos de terror de los militares somocistas armados y entrenados, en alianza, por Estados Unidos y el gobierno dictatorial argentino como su gendarme de turno […
Los revolucionarios nicaragüenses se enfrascaron en reconstruir un país saqueado durante décadas, con una secuela de problemas sociales de salud y educación. Cientos de miles de nicaragüenses eran analfabetos y fue una de las primeras medidas tomadas el erradicar ese flagelo. Cuba ofreció su experiencia y ayuda solidaria para tan noble propósito.
De inmediato se convocó en Cuba a profesores experimentados para organizar la campaña de alfabetización en Nicaragua. Cientos de jóvenes docentes se ofrecieron para llevar el pan de la enseñanza a los más remotos confines de la geografía nicaragüense.
El 3 de noviembre de 1979, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz se reunió con el primer grupo del Contingente Internacionalista de Maestros Augusto César Sandino. Apenas 72 horas después, el día 6, los primeros cien jóvenes maestros cubanos arribaron a Managua, Nicaragua, con la tarea de comenzar a alfabetizar a todo el que lo necesitara. Fueron diseminados en los lugares más apartados país.
Mientras los sandinistas se disponían a extirpar para siempre estos males, las amenazas se cernían para destruir ese proyecto revolucionario. En noviembre de 1980 el general Vernon Walter, uno de los directivos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) norteamericana y el nicaragüense Horacio Aguirre dueño del Diario Las Américas en Miami, viajaron a Buenos Aires, Argentina para coordinar con la Junta Militar en el poder en ese país la creación de un ejército guerrillero antisandinista.
El 20 de enero de 1981, asume la Casa Blanca el republicano Ronald Reagan, es nombrado Director de la CIA William Casey con la misión de fortalecerla. Aceleradamente trabajó en el diseño de un programa subversivo contra la Revolución sandinista, que ya en marzo estaba estructurado y casi terminado con la participación de los gobiernos de Honduras, Guatemala, Costa Rica y Argentina. Así comenzó la ayuda militar de Estados Unidos a Costa Rica, desde donde también se agredería a Nicaragua.
En el mismo enero de ese año los militares argentinos Osvaldo Ribeiro y Santiago Hoya, seleccionados para instrumentar la agresión, viajaron a Miami para explorar allí la utilización y supervisar los preparativos de los antisandinistas formados por antiguos militares del derrocado ejército somocista.
Hoya conoce al grupo del coronel Enrique Bermúdez y el Chino Lau de la Legión 15 de Septiembre a través de paramilitares guatemaltecos jefes de escuadrones de la muerte asociados a estos ex oficiales de la dictadura.
De esta coordinación preliminar surge el primer contingente seleccionado de somocistas para ser enviados a Buenos Aires donde recibieron entrenamiento, procedían de la Legión 15 de Septiembre con base en Honduras. En ese momento habían comenzado las incursiones de los grupos contrarrevolucionarios dentro del territorio nicaragüense. La modalidad inicial era entrar, atacar objetivos de cualquier tipo y retirarse al territorio hondureño, después comenzaron el asentamiento en comarcas fronterizas y más tarde comenzaron a adentrarse en el país, asolando poblados.
En marzo y abril de 1981 se producen las visitas a Estados Unidos del Presidente de la Junta Militar Argentina Roberto Viola y del general Leopoldo Fortunato Galtieri, jefe del Ejército de ese país.
El terrorista anticubano José de Jesús Basalto León sirvió también a los intereses de los servicios especiales argentinos, que entonces captaron a varios cubanos agentes de la CIA para operar contra dirigentes de la organización argentina Montoneros. Según ha declarado Basulto, se subordinaba al Agregado Militar argentino en Washington. En esa época miembros del Batallón 601 del Ejército argentino habían sido distribuidos como asesores en Centroamérica para organizar la guerra contra Nicaragua.
Resulta interesante el análisis realizado por la CIA de los factores regionales y globales que podían impactar negativamente en los intereses norteamericanos y de aliados locales. En primer término consideraban que el respaldo de Estados Unidos a Gran Bretaña en el conflicto de Las Malvinas podía disminuir su influencia en aérea incluso y citamos: «los Estados Unidos tienen posibilidades de verse solos en América Central».
En segundo lugar estimaba que el gobierno de Venezuela, que apoyaba a fuerzas políticas en Nicaragua y El Salvador, no querría una identificación pública con las actividades de Estados Unidos en la región centroamericana.
Y finalmente, la posición hasta ese momento protagónica de la dictadura Argentina en Centroamérica como gendarme de Estados Unidos, podría variar como resultado del desenlace del conflicto militar en Las Malvinas y su malestar hacia Estados Unidos podría conducir a los argentinos a retirarse o buscar políticas opuestas a las de Washington.
Para consolidar esta unión los jefes de la Contra, William Baltodano, Edmundo Chamorro alias El Negro y otros viajaron en el mes de abril a Buenos Aires, invitados por los militares argentinos para discutir detalles de la alianza. Fueron recibidos por el general Alberto Valin jefe del Estado Mayor del Ejército y por el coronel Darío Davico, jefe de la Inteligencia. En esta cita criminal se acordó incrementar la presencia de asesores argentinos en San José y Tegucigalpa dando paso a la Operación Calipso que se proponía diseminar miembros de los servicios especiales de Argentina por el continente para trabajar contra los refugiados políticos de ese país en la región.
Nuevamente en agosto de 1981, el general Galtieri visitó Washington y fue recibido por el general Edwin Meyer, jefe del Estado Mayor del Ejército de Estados Unidos.
En septiembre, el jefe de los asesores argentinos en Panamá, Juan Carlos Gallessio, quien actuaba como periodista, entregó a otros dos asesores argentinos Héctor Francés y Juan Martín Ciga Correa, 10,000 dólares para trasladarlos a Honduras y entregarlos al coronel Ribeiro.
El general Galtieri vuelve a Washington en noviembre y se reúne con el director de la CIA William Casey y ultima la participación argentina en la formación de la resistencia antisandinista. A su regreso los militares argentinos conceden al gobierno de El Salvador un crédito de ocho millones de dólares, mientras Ronald Reagan presiona al Congreso y obtiene del mismo la aprobación para reanudar la ayuda militar a Argentina, paralizada desde 1978, como consecuencia de la escalada represiva de la dictadura que gobernaba en ese país.
También el Congreso ratifica a Vernon Walters como embajador, en esta función logró la ayuda financiera a los Contras, a través del gobierno de Argentina a donde viajó en seis ocasiones.
En diciembre de 1981 el subsecretario de Estado para Asuntos Interamericanos reveló en una sesión ante el Comité de Inteligencia del Senado y la Cámara que se realizaban operaciones encubiertas de Estados Unidos en Centroamérica. La CIA era la encargada de suministrar secretamente dinero, entrenamiento y armas a los ex guardias somocistas. Estos fondos se canalizaban por medio de países latinoamericanos, como resultado del acuerdo logrado por el general Vernon Walters, embajador itinerante con servicios especiales de Argentina, Venezuela, Colombia y Chile.
La agresión contra el gobierno revolucionario de Nicaragua se incrementó y los cooperantes cubanos que solidariamente asistían al pueblo en ese país se convirtieron en blanco de los actos de terror de los militares somocistas armados y entrenados, en alianza, por Estados Unidos y el gobierno dictatorial argentino como su gendarme de turno […
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